El corazón de Robotico
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El corazón de Robotico

Edades:
A partir de 6 años
El corazón de Robotico En el corazón de una ciudad abandonada, oculto entre los escombros de edificios olvidados, se encuentra un laboratorio científico secreto. Dentro del laboratorio, la luz de las lámparas parpadea sobre una maraña de cables, engranajes y piezas de metal. Este es el hogar de Lúcidus, un joven inventor, y su mejor amigo, Robotico.

Robotico es una maravilla de la imaginación de Lúcidus, el ayudante y compañero perfecto para sus aventuras científicas, alguien con quien Lúcidus comparte sus risas, sus ideas y sus sueños.

Día tras día, Lúcidus y Robotico trabajan juntos, crean juntos, y sobre todo, crecen juntos. Entre tuercas, cables y mucha imaginación, ellos demuestran que la amistad y el cariño son la verdadera ciencia que hace funcionar el mundo.

—Robotico, amigo mío, hoy va a ser un gran día para la ciencia —dice Lúcidus una mañana.

Robotico mueve sus engranajes de metal y responde con una voz metálica:

—¿Y qué vamos a inventar hoy, Lúcidus?

Lúcidus mira a su amigo y sonríe.

—Hoy, Robotico, vamos a hacer que tú sientas.

—Gracias, Lúcidus, pero yo me siento bien, mira —dice Robotico, mientras flexiona a las rodillas y se sienta en una silla.

—No, Robotico, no vamos a hacer que te sientes, sino que sientas, que tenga sentimientos —dice Lúcidus entre risas.

—Ja, ja, ja, has picado —dice Robotico—. Me parece muy bien. A ver si conseguimos algo mejor que mi sentido del humor. Pero, ¿qué significa sentir, Lúcidus?

—Vamos a conseguir que estés alegre y feliz, que te ilusiones, que sientas optimismo, agradecimiento y muchas cosas más —dice Lúcidus.

—Pero también sentiré miedo, tristeza, aburrimiento, angustia, pereza, impotencia y muchas cosas que muchos humanos quieren evitar —dice Robotico.

—Sí, también, pero esas emociones no son malas y nos hacen crecer como personas —dice Lúcidus.

—Vale, lo que tú digas —dice Robotico.

Y así, Lúcidus y Robotico empiezan su aventura.

Primero recorren la ciudad abandonada en busca de componentes. Lúcidus rebusca en montañas de basura y Robotico usa su brazo extensible para alcanzar lugares altos. De día recogen, y por la noche Lúcidus trabaja el nuevo corazón de Robotico.

De vuelta en el laboratorio, Lúcidus comienza a trabajar en el corazón de Robotico. Noche tras noche, une cables, ajusta engranajes y programa circuitos.

—Ya está listo, Robotico, te lo voy a colocar —dice Lúcidus una noche, mientras hurga dentro del mecanismo de su amigo.

—Ya está —dice Lúcidus.

—Pues me siento igual —dice Robotico.

—¿No sientes nada? —pregunta Lúcidus.

—Me siento igual que siempre —dice Robotico.

—No es posible, te acabo de poner un corazón —dice Lúcidus.

—No he dicho que no sienta nada, he dicho que me siento igual —dice Robotico.

—No te entiendo —dice Lúcidus.

El corazón de RoboticoLo que quiero decir es que ya sentía antes, Lúcidus —dice Robotico—. Cada vez que hemos inventado algo juntos, cada vez que hemos reído juntos, cada vez que me has ayudado... eso era sentir. Eso es mi corazón. Lo que pasa que siento a mi manera y lo expreso de una manera distinta.

Lúcidus se queda en silencio, entendiendo por fin. Había estado tan ocupado intentando crear un corazón para Robotico que no se había dado cuenta de que su amigo ya tenía uno. Un corazón invisible, hecho de recuerdos compartidos, risas y aventuras vividas juntos.

—Tienes razón, Robotico —dice Lúcidus con una sonrisa—. No necesitabas un corazón físico. Tu corazón siempre ha estado aquí, en nuestra amistad.

Las luces de Robotico parpadean brillantes. Esa es la manera de sonreir de Robotico, la de siempre, aunque Lúcidus no se da cuenta hasta ahora.

Desde entonces, Lúcidus y Robotico siguen su camino de invenciones y descubrimientos, pero siempre recordando que lo más importante no son los corazones que podamos construir, sino las emociones y sentimientos que compartimos con los demás.
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