Una sorpresa muy especial
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Una sorpresa muy especial

Edades:
A partir de 4 años
Una sorpresa muy especial Laura estaba de vacaciones con sus primos en la playa cuando un día, estando ya de recogida, se encontró a un gato abandonado en la calle. Estaba maullando y tiritando de frío. Por eso, no se lo pensó y se lo llevó al apartamento tras envolverlo en una toalla para que entrase en calor. Al llegar, su primo Lucas, que era el mayor de todos, empezó a gritar.

-¡Saca a ese saco de pulgas de mi vista! ¡Soy alérgico!- chilló mientras corría despavorido hacia otra habitación.

La verdad es que Lucas siempre había sido algo exagerado y quejica, pero parece que en esa ocasión no exageraba. Al momento, se le pusieron los ojos como pimientos y empezó a moquear por la nariz. Se tomó una pastilla para la alergia y parece que se quedó algo más tranquilo. Para evitar más problemas, Laura sacó al gato del apartamento y, acompañado de su padre, se lo llevó al veterinario.

Le pusieron un poco de suero y una pipeta para las pulgas. Le tranquilizaron, porque dijeron que el gato no estaba enfermo, sino que necesitaba comer bien y estar calentito. Así que, como no podía llevarlo de nuevo al apartamento, le compraron una caseta mullidita por dentro que colocaron en el jardín. Fuera, colocaron un cuenco de comida y agua fresca. Allí pasó el gato toda la semana super a gusto.

Días después, cuando ya tocaba recoger para volver a casa después de las vacaciones, Laura fue a despedirse del gato. En la caseta se encontró con una maravillosa sorpresa. No era gato, sino gata y… ¡había tenido 5 gatitos! Los pequeñines mamaban de su madre con energía. De hecho, parece que la gata había recuperado toda la vitalidad al ver así de sanas a sus crías.

Una sorpresa muy especialLaura había convencido a sus padres para llevarse a la gata a casa, pero ahora tendrían que llevarse también a los gatitos, no quería separarlos. Sus padres entendieron la situación y, como vivían en una casa con jardín, accedieron. Cuando los gatos fueron mayores empezaron a hacer su vida, pero cada noche pasaban por casa a saludar a Laura. Estaban muy agradecidos de que la niña hubiera salvado a su madre.
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