Robo en el Banco Flotante
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Robo en el Banco Flotante

Edades:
A partir de 4 años
Robo en el Banco Flotante Era un precioso día soleado. Martina estaba emocionada. Había quedado con su abuela para ir al Banco Flotante. A Martina le encantaba ir con su abuela, una inspectora de policía jubilada que siempre estaba contándole historias. Como ella, Martina también quería ser policía, así que le hacía un montón de preguntas para aprender.

Ese día, el Banco Flotante se había colocado sobre un majestuoso mar de nubes esponjosas. Martina y su abuela Estela observaban curiosas cada rincón.

—Abuela, ¡este lugar es mágico! —exclamó Martina

—Sí, tesoro, y aquí es donde resolví mi primer caso —respondió la abuela Estela con una sonrisa.

De repente, un sonido agudo llenó el aire. ¡Era una alarma!

—¡Alguien intenta robar el Gran Billete Dorado! —gritó el gerente.

Martina no perdió tiempo y, con su abuela, corrió hacia la Cámara de la Caja Fuerte. Ahí estaba, con las manos en la masa, un tipo con un sombrero desgastado y zapatos enormes. Tropezó con sus propios pies y cayó sobre un montón de billetes.

—¡Te atrapé! —dijo Martina, tirándose encima para que no se moviera.

—Tenías que ser tú, ¿eh? —dijo la abuela—. Martina, te presento al Señor Tropezón, el ladrón más torpe de la ciudad.

El Señor Tropezón intentó explicarse, pero cada vez que abría la boca, soltaba un gallo o perdía un zapato.

—Yo solo... quería... ¡Oh, no, mi sombrero! —dijo mientras veía cómo su sombrero se convertía en un conejo y saltaba.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Estela, intentando no reírse.

—Pensé que el billete dorado podía devolver mi sombrero a la normalidad —suspiró Señor Tropezón.

—¿Qué le pasa a tu sombrero? —preguntó Martina.

—Soy un ladrón terrible y, al parecer, un mago nefasto —dijo el Señor Tropezón—. Quise hacer el truco de sacar el conejo del sombrero, ¡y he convertido mi sombrero en un conejo! ¡Mi sombrero favorito! Quiero recuperarlo, ayudadme, por favor.

Martina, al ver su tristeza, tuvo una idea.

—¡Vamos al Mirador de las Nubes! —dijo la niña—. Allí podrás pedir un deseo y quién sabe...

Robo en el Banco FlotanteEl Señor Tropezón, con lágrimas en los ojos, deseó con todo su corazón que su sombrero volviera a la normalidad. ¡Y para sorpresa de todos, su sombrero volvió!

—Tal vez, solo necesitabas creer un poco en ti mismo, Señor Tropezón—dijo la abuela Estela, guiñando un ojo.

—¿Para ser un mago o un ladrón menos torpe? —preguntó el Señor Tropezó, devolviéndole el guiño a Elvira.

—Creo que serás mejor mago que ladrón, después de todo —dijo Martina.

Todos rieron, incluso el gerente. Y así, en aquel Banco Flotante, Martina aprendió que siempre es buen momento para cambiar y que, con ayuda, todo el mundo puede convertirse en alguien mejor.
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