Los hermanos Píllez y el fantasma del caserón abandonado
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Los hermanos Píllez y el fantasma del caserón abandonado

Edades:
A partir de 6 años
Los hermanos Píllez y el fantasma del caserón abandonado Había una vez, en un antiguo caserón abandonado en medio de un bosque tenebroso, un fantasma solitario que no quería asustar a nadie. Era el fantasma de Miguelito el Fiestas, un espíritu que solo quería jugar y hacer amigos. Pero lo de ser un fantasma no parecía gustar a las visitas, que en cuento lo veían, salían corriendo.

Habían pasado casi 100 años cuando Menudo y Elmás, más conocidos como los hermanos Píllez, descubrieron el caserón abandonado.

—Dicen que allí vive un fantasma —dijo Menudo Píllez, el hermano mayor.

—Pues habrá que comprobarlo —dijo Elmás Píllez

Menudo Píllez era el más aventurero de los dos, y tenía una imaginación increíble. Elmás Píllez era un poco más miedoso, pero era muy observador y no se le escapaba una.

Y por si te lo estás preguntando, sí, los hermanos Píllez eran muy pillos. A revoltosos, pícaros y traviesos no les ganaba nadie.

—¿Vamos mañana al caserón abandonado? —dijo Menudo Píllez.

—¿Es que ya has olvidado nuevo lema? —dijo Elmás Píllez.

Y dijeron a la vez:

— No dejes para mañana las travesuras que puedas hacer hoy.

Y se pusieron en camino.

Al entrar al caserón, los hermanos Pílleza se encontraron de frente con el fantasma.

—¡Vaya, un fantasma! —dijo Menudo Píllez, con la voz temblorosa, pero sin atreverse a salir corriendo por no quedar mal delante de su hermano.

—Pues no da tanto miedo —dijo Elmás Píllez, haciéndose el valiente.

—¿Cómo va a dar miedo, si se ha escondido? —dijo Menudo Píllez, en cuanto se dio cuenta de que el fantasma se había ido.

—Soy el fantasma de Miguelito el Fiestas—dijo el espectro.

—¡Menudo nombre! —dijo Elmás Píllez.

—Sí, es que cuando vivía me pasaba el día jugando, riendo y haciendo fiestas —dijo él.

—¿Y qué haces aquí? —preguntó Menudo Píllez.

—Intento divertirme, pero nadie quiere jugar conmigo, ni mucho menos hacer una fiesta —dijo el fantasma.

—Si es por hacer una fiesta, nosotros te ayudamos —dijo Elmás Píllez.

—Necesitaremos traer algo de merienda, algunos juegos, un poco de música y… ¿qué más, Elmás? —dijo Menudo Píllez.

—Pues lo más importante, Menudo: ¡gente! —dijo Elmás Píllez.

—Habrá que limpiar un poco esto también, que con tanto polvo y tanta telaraña me da miedo hasta a mí —dijo el fantasma.

—Pues organizamos una fiesta de limpieza —dijo Menudo Píllez.

—Sí, claro, así llenamos seguro, ¿no te digo? —dijo Elmás Píllez.

—Si cuela… ¡cuela! —dijo Menudo Píllez.

Los hermanos Píllez lo organizaron todo para dar una gran fiesta: limpiaron el caserón, llevaron comida y refrescos, adornaron la casa, llevaron un equipo de música y prepararon las invitaciones para esa misma tarde.

—Nadie podrá resistirse a una fiesta de disfraces fantasmales con concurso incluido —dijo Menudo Píllez.

—Así nuestro amigo Miguelito pasará desapercibido —dijo Elmás Píllez—. Y el que no venga quedará como un cobardica.

LLos hermanos Píllez y el fantasma del caserón abandonadoa fiesta fue todo un éxito. El caserón abandonado se llenó de niñas y niños disfrazados de fantasmas de todo tipo.

Miguelito lo pasó en grande. Todos hablaban con él, se reían de sus chistes y se divertían con los juegos que proponía.

—Tu disfraz es genial. ¡Qué pasada! —le decían unos.

—Te lleva el primer premio, seguro —le decían otros.

Y llegó la hora de dar los premios.

El jurado, compuesto por los hermanos Píllez, nombró a los ganadores.

—¿Qué pasa con Miguelito? ¡Su disfraz es el mejor! —dijeron algunos.

—Bueno, es que Miguelito no concursa —dijo Menudo Píllez.

—¿Por qué? —preguntaron los niños.

—Porque Miguelito es un fantasma de verdad —dijo Elmás Píllez.

—¡No! —dijeron los niños.

—Sí —dijo Miguelito el Fiestas.

—Wow —exclamaron los niños.

A partir de entonces, todas las semanas se organiza una fiesta en el viejo caserón abandonado. Y como Miguelito es tan divertido, nunca falta la diversión.
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