La nave que se limpiaba sola
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La nave que se limpiaba sola

Edades:
A partir de 4 años
La nave que se limpiaba sola Adela soñaba con vivir en la Luna. Su padre, que era un gran inventor, decidió darle gusto a su hija y construyó una nave espacial con la que irían a la Luna y se quedarían allí a vivir.

Pero Adela era muy desordenada, y no ayudaba nada en casa. Dejaba todo tirado y revuelto constantemente. Ni siquiera era capaz de tirar los papeles a la papelera.

Su padre le dijo que, si quería viajar a la Luna, tendría que aprender a ser más ordenada y ayudar un poco.

- Adela, la nave no será muy grande. Si no eres más cuidadosa con las cosas, estar allí dentro será un desastre -le dijo su padre.
- Vale, papá, con tal de ir a la Luna, lo que sea -le dijo Adela.

Pero la cosa seguía igual. Así que el papá de Adela inventó un sistema automático capaz de limpiarlo todo y lo instaló en la nave.

Llegó el gran día y la familia al completo embarcó rumbo a la Luna. La nave que construyó el padre de Adela era espectacular. En vez de ser tipo cohete, como las que usan los astronautas en sus misiones, esta nave era como un platillo volante. Tenía varias habitaciones con baño, una cabina de mando espectacular, un gimnasio, una biblioteca y una sala de juegos, además de una increíble cocina en la que había provisiones para muchísimo tiempo. También había un invernadero para cultivar vegetales que incluía un sistema de iluminación que era igual que la luz del sol.

Y lo mejor de todo era que se limpiaba sola. Adela estaba encantada. ¡No tendría que recoger sus juguetes jamás!

- Adela, las cosas no son así -le dijo su padre-. Tendrás que recoger tus juguetes y tus cosas de todas formas, porque…
- Vale, papá, no te preocupes. Lo haré -dijo Adela.

Pero ella siguió a lo suyo. La primera noche, Adela decidió probar a ver qué tal funcionaba el sistema automático de limpieza de la nave, y lo dejó todo tirado.

Al día siguiente, estaba todo recogido. El problema es que no encontraba sus cosas.

Ese día hizo lo mismo. Y a la mañana siguiente, todo había desaparecido.

- Hay que ver que forma más extraña tiene esta nave de colocarlo todo -pensó Adela-. Aunque como yo soy tan desordenada, no tengo costumbre de saber dónde están las cosas así que será por eso que no las encuentro por ningún lado.

Pasaron los días y, cuando llegaron a la Luna, Adela se encontró que no tenía juguetes, ni ropa, ni pinturas, ni cuadernos, ni sábanas limpias, ni nada. Y apenas le quedaba ropa que ponerse.

-La nave que se limpiaba sola ¡Papá! -dijo Adela-. Tenemos que volver a la Tierra. ¡Esta nave se ha tragado casi todas mis cosas!
- Imposible, no podremos volver hasta dentro de dos años -dijo el padre-.
- Además, eso que dices no puede ser. La nave solo limpia. ¿Recogiste tus cosas?
- No... -dijo Adela-. Ya las recogía la nave, así que ¿para qué iba a hacerlo? El problema es que no encuentro dónde lo ha puesto todo.
- Intenté decírtelo -dijo su papá-. La nave limpia y recoge todo, pero no lo coloca. - Tus cosas estarán en el depósito de basura de la nave.
- ¡¿Qué?! -gritó Adela.
- Rápido, hay que ir cuanto antes a recuperarlo. Mañana está programada la desintegración de todo lo que haya dentro.

Adela corrió a buscar sus cosas. Tuvo que sumergirse en un mar de porquería para recuperar sus cosas. Era eso o perder todas sus cosas.

Cuando salió, sucia como nunca, Adela tuvo que lavarlo todo.

- ¿Aprendiste la lección? -le preguntó su padre.
- Después de esto, creo que no la olvidaré nunca -respondió Adela.

Y así fue como Adela aprendió a recogerlo todo, ser más ordenada y ayudar en casa.
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