La lección de Yoyo Gur
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La lección de Yoyo Gur

Edades:
A partir de 6 años
La lección de Yoyo Gur Yoyo Gur había llegado al planeta Tierra desde una galaxia muy lejana, junto con su familia. En realidad, Yoyo Gur era técnicamente terrícola, porque había nacido justo en el momento en el que la nave en la que viajaban sus padres atravesaba la atmósfera terrestre.

Los padres de Yoyo Gur llevaban muchos años de viaje. Y, aunque su destino no era la Tierra, se arriesgaron a entrar debido a la salud de la madre de Yoyo Gur.

La acogida que recibieron los extraterrestres fue muy buena. Los humanos cuidaron de la mamá de Yoyo Gur y del pequeño Yoyo. Sin embargo, la salud de la madre era delicada, así que todos se quedaron en la Tierra.



Así fue como Yoyo Gur se convirtió en un terrícola más. Era diferente de los demás niños, pero sus compañeros no parecían mostrarse molestos por ello.

Yoyo Gur tenía dos grandes ojos negros y la cabeza grande y ovalada, con un larguísimo cuello. No tenía pelo y estaba muy delgado. Tanto que tenía que ponerse unos tirantes para no perder los pantalones. Además, tenía la piel muy clara. Y siempre iba en manga corta, incluso en invierno, porque no sentía calor ni frío.

Durante los primeros años fue todo bien. Pero llegó un momento en que algunos niños decidieron burlarse de Yoyo Gur.

Los problemas empezaron a comienzo de curso. Llegaron alumnos nuevos y se sorprendieron al ver a Yoyo Gur.

Para comenzar la primera clase, la maestra fue preguntando a todos los alumnos su nombre. Los alumnos fueron diciendo sus nombres siguiendo el orden en el que estaban sentados:

-Lucas

-María

-Pamela

-Rocío

-Antonio

-Fran

-Yoyo Gur

-¿Tú yogur? -dijo el niño al que le tocaba el turno, uno de los nuevos alumnos-. Entonces yo helado.

-Y yo caramelo -dijo otro de los recién llegados.

-Y yo mantecado -dijo otro.

Las risas se extendieron por toda la clase. La maestra levantó la voz y dijo:

-¡Basta ya! Dejad de burlaros de Yoyo Gur.

-No se preocupe, que a mí no me molesta -dijo Yoyo Gur.

-Empecemos otra vez, a ver si ahora lo hacemos mejor -dijo la maestra.

Volvieron a empezar. Y cuando llegó el turno de Yoyo Gur, este dijo:

-Yoyo Gur de chocolate. ¿De qué sabor sois vosotros? -preguntó el joven mirando a los niños a los que les tocaba el turno.

Todos rieron mucho la gracia de Yoyo Gur, excepto los nuevos.

-A mí no me ofende que hagan gracias con mi nombre, porque yo soy el primero que las hace -dijo Yoyo Gur a la maestra.

La lección de Yoyo Gur-Pues yo, yogur de plátano -dijo uno de los compañeros de Yoyo Gur de toda la vida.

-Y yo, yogur de fresa -dijo otro de los niños.

-Y yo, yogur de piña.

Y así fueron pasando todos los niños hasta que todos se pusieron por nombre un sabor, incluso los nuevos. Y cuando acabó la ronda, la maestra dijo:

-Bueno, voy a tener que modificar vuestros nombres en la lista.

-Y usted, ¿cómo se llama? -preguntó Yoyo Gur a la maestra.

-Yo me llamo… -titubeó la maestra-, yo me llamo… ¡yo, yotarta de manzana!

Y así fue cómo Yoyo Gur les enseñó a todos que no ofende quien quiere, sino quien puede, porque nadie puede molestarte con sus bromas si tú no te dejas. Y que no tiene mejor humor quien hace bromas sobre los demás, sino quien hace bromas sobre sí mismo.
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