El trineo encantado de la abuela Carolina
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El trineo encantado de la abuela Carolina

Edades:
A partir de 4 años
El trineo encantado de la abuela Carolina Era un día nublado de invierno y Rafa e Irene, como los exploradores intrépidos que eran, decidieron aventurarse en el desván de su abuela Carolina. Entre cajas polvorientas y juguetes antiguos, descubrieron un viejo trineo de madera con detalles dorados que brillaban con un resplandor especial.

—¿Qué es esto, abuela? —preguntó Rafa, sacudiendo un poco el polvo.

La abuela Carolina se acercó y sus ojos se llenaron de nostalgia.

—Ese, mis pequeños, es un trineo muy especial que me llevó a vivir aventuras increíbles cuando era niña.

Irene, con sus ojos brillantes de curiosidad, preguntó:

—¿Por qué lo guardaste aquí y nunca nos hablaste de él?

La abuela sonrió tristemente.

—Porque, a veces, ciertos recuerdos son tan hermosos y dolorosos a la vez que preferimos guardarlos en un rincón de nuestro corazón.

Rafa e Irene se miraron, decidiendo en silencio que debían descubrir el misterio del trineo. Esperaron hasta que la abuela se distrajo en sus quehaceres y llevaron el trineo a la colina detrás de la casa.

Al lanzarse cuesta abajo, un torbellino de luces los envolvió y, cuando abrieron los ojos, estaban en un lugar completamente diferente. Las casas lucían antiguas y los niños con quienes se encontraron vestían ropas de otra época.

Un niño de cabellos rizados, que se presentó como Doroteo, les dio la bienvenida y les mostró juegos que ya nadie jugaba en su tiempo. Rafa e Irene aprendieron a saltar la cuerda, a jugar a las canicas y a disfrutar de sencillas alegrías que habían olvidado en su mundo moderno.

Pero al final del día, cuando el sol comenzaba a ponerse, Doroteo los llevó de nuevo a la colina y les pidió que regresaran a su tiempo.

—Cada vez que deseéis visitar, solo tenéis que pensar en mí y deslizarse por la colina —les dijo con una sonrisa.

De vuelta en su tiempo, contaron emocionados a la abuela Carolina sobre su aventura. Al escuchar el nombre de Doroteo, una lágrima rodó por su mejilla.

—Doroteo fue mi mejor amigo —susurró—, pero un día, al intentar regresar, no pude encontrarlo y temí haberlo perdido para siempre.

Rafa e Irene decidieron ayudar a su abuela. Al día siguiente, con la abuela Carolina en el trineo, se lanzaron por la colina, pensando con fuerza en Doroteo. Y allí estaba él, esperándolos con una gran sonrisa.

El trineo encantado de la abuela CarolinaDespués de un emotivo reencuentro y de compartir viejos recuerdos, la abuela Carolina, Rafa e Irene regresaron a su tiempo, llevando consigo a Doroteo para que pudiera vivir nuevas aventuras con ellos.

La abuela Carolina, con lágrimas de felicidad en sus ojos, abrazó a sus nietos y les agradeció por el regalo más precioso: el reencuentro con un viejo amigo.

El viejo trineo, ahora limpio y reluciente, encontró un lugar especial en el jardín de la abuela Carolina, como un recordatorio de que, con valentía y amor, siempre podemos encontrar el camino de regreso a los brazos de aquellos que amamos. Y así, cada invierno, la colina detrás de la casa se llenaba de risas y alegría, mientras los niños del barrio se deslizaban por ella, esperando vivir sus propias aventuras mágicas.
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