El regalo invisible
Síguenos en:

El regalo invisible

Edades:
A partir de 6 años
El regalo invisible En un rincón tranquilo del amplio patio de la escuela, Gabriela observaba a los demás niños jugar.

Vanesa corría de un lado a otro jugando al escondite con sus amigos. Pero entre risa y risa, no podía dejar de mirar a esa niña solitaria sentada en la sombra del gran árbol.

—Vanesa, ¿vienes? ¡Es tu turno de contar! —le gritó uno de sus amigos.

Vanesa dudó por un momento y luego respondió:

—¡Esperad un poco!

Se acercó lentamente a Gabriela y se sentó junto a ella.

—Hola, soy Vanesa. ¿Quieres jugar con nosotros?

Gabriela levantó la mirada, sorprendida.

—No sé jugar a ese juego —murmuró.

—No importa, puedo enseñarte. Y si no, podemos inventar uno nuevo juntas —dijo Vanesa con una sonrisa.

Con el paso de los días, Vanesa y Gabriela se volvieron inseparables. Juntas descubrieron secretos, compartieron historias y rieron hasta que les dolía el estómago.

Pero también hubo momentos de silencio, especialmente cuando Gabriela recordaba su antigua casa y los problemas de su familia.

Una tarde, mientras estaban en la casa de Vanesa, Gabriela confesó:

—Desde que mis padres se separaron, todo ha sido muy difícil. Cambiamos de casa, de escuela... Y siento que no encajo en ningún lugar.

Vanesa tomó su mano con delicadeza.

—Sabes, yo también fui la nueva muchas veces. Pero he aprendido que lo más importante es encontrar a alguien que te entienda, que te escuche. Y ahora que te tengo a ti, sé que no estamos solas.

Gabriela sonrió y ambas se fundieron en un cálido abrazo.

AEl regalo invisiblel día siguiente, Gabriela le entregó a Vanesa un pequeño papel doblado. Era un dibujo de ambas, tomadas de la mano bajo el mismo árbol donde se habían conocido.

—Es un pequeño regalo para darte las gracias —dijo Gabriela con timidez.

Vanesa sonrió ampliamente.

—Este es el mejor regalo que he recibido. Pero el verdadero regalo es tener una amiga como tú.

Y así, en medio de risas y dibujos, las dos niñas aprendieron que la amistad y la empatía son los tesoros más valiosos que podemos tener. Y que, a veces, un simple acto de bondad puede cambiar la vida de alguien para siempre.
Puntuación media: 8,6 (280 votos)
Tu puntuación:
Cuentos con valores similares