El caso del ladrón de despertadores
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El caso del ladrón de despertadores

Edades:
A partir de 6 años
El caso del ladrón de despertadores En Villamadruga todos los vecinos se despertaban siempre muy temprano; todos menos un tipo muy remolón que odiaba madrugar. Tal era su obsesión que decidió robar todos los despertadores para que nadie se levantara temprano. Y así, uno a uno, fue robando todos los despertadores de Villamadruga.

El caso del ladrón de despertadores pronto llegó a oídos de los pueblos vecinos. Muchos fueron los que regalaron a los vecinos de Villamadruga sus propios relojes, para que no dejasen de madrugar —y así, de paso, tener la excusa para quedarse dormidos—.

Pero eso no pudo detener al ladrón de despertadores, que siguió robando todos y cada uno de los relojes que llegaban al pueblo.

Ante tal desastre, en Villamadruga tuvieron que tomar medidas excepcionales. La primera fue comprar un gran megáfono para despertar a todo el pueblo. Así solo hacía falta un despertador. Pero daba igual dónde lo escondieran, porque el ladrón lo encontraba siempre.

Como esto no funcionaba, en Villamadruga decidieron hacer guardia de tal modo que el encargado de despertar a los vecinos con el megáfono tendría que permanecer despierto toda la noche.

Esto tampoco pudo aplacar al ladrón, pues siempre conseguía que el vigía se quedara dormido usando un potente somnífero.

Y así pasaron los días, hasta que Villamadruga se convirtió en un caos. La gente no dormía pensando que no se podría despertar a tiempo, con lo que por las mañanas estaban de muy mal humor y no rendían en sus trabajos ni en sus estudios.

—Hay que ponerle solución a esto de una vez por todas —dijo el alcalde.

La policía hacía cuanto podía por atrapar al ladrón de despertadores, pero no habían conseguido ni una sola pista. Por eso decidieron contratar más agentes.

Uno de los nuevos policías tuvo una idea.

—Repartiremos nuevos despertadores y dentro colocaremos una alarma secundaria —explicó el agente—. Los relojes sonarán todos a la vez y así podremos localizar al ladrón.

YEl caso del ladrón de despertadores eso hicieron. De esa forma, encontraron el escondite del ladrón junto con todos los despertadores. Pero el ladrón había huido, así que no lo pudieron cazar.

—Habrá que buscar otra solución —dijo el alcalde.

Desde entonces, en Villamadruga ya no usan despertadores. En su lugar, compraron unos gallos y los subieron a todas las azoteas. Desde allí, todas las mañanas, los gallos despiertan a los vecinos.

El ladrón de despertadores, enloquecido por el canto de los gallos, se entregó a la policía, con la esperanza de que se llevaran a los gallos del pueblo. Sin embargo, esto no pasó. Así que al ladrón de despertadores le tocó madrugar de todas formas, aunque en la cárcel, donde permaneció una buena temporada para pagar por sus delitos.
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