Doña Jirafa y Don Elefante
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Doña Jirafa y Don Elefante

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Doña Jirafa y Don Elefante Doña Jirafa vivía en el zoo en un lugar muy grande, donde crecían árboles muy altos. Pero a Doña Jirafa le parecía que su espacio era pequeño. Ella quería tener una casa más amplia.

A su lado estaba la casa de Don Elefante, que era mucho más grande. En su espacio, Don Elefante campaba a sus anchas. Pero estaba triste, porque su espacio no tenía árboles tan altos como los que tenía Doña Jirafa.

Doña Jirafa y Don Elefante no se llevaban demasiado bien y se pasaban el día protestando, porque ninguno estaba a gusto con lo que tenía.

Un día, Doña Jirafa le dijo a Don Elefante:
- ¡No es justo que tú tengas una casa más grande que yo!

Don Elefante respondió:
- Pero es que yo soy más grande que tú. Lo que no es justo es que tu casa tenga árboles tan altos.

Don Elefante y Doña Jirafa llegaron a un acuerdo. Don Elefante dijo:
- Un momento, ¿qué te parece si nos cambiamos la casa?

A Doña Jirafa le pareció bien. Al principio era muy feliz, porque tenía mucho espacio para poder correr. Pero pronto se cansó de agacharse a comer las hojas de los arbustos. Eran muy bajitos para Doña Jirafa, que tenía la cabeza muy alta.

Don Elefante también parecía feliz al principio con aquellos árboles tan altos, pero pronto se cansó de no tener espacio suficiente para poder moverse como a él le gustaba.

Doña Jirafa y Don Elefante volvieron a hablar. Doña Jirafa dijo:
- Me gusta tu casa Don Elefante, pero necesito árboles más altos para poder comer. ¿Me podrías devolver mi casa?

A lo que Don Elefante respondió:
- Creo que es buena idea. A mí tus árboles altos me gustan, pero necesito más espacio para moverme.

Doña Jirafa y Don ElefanteY Doña Jirafa añadió:
- Es justo que cada uno tenga lo que necesita. Yo soy una jirafa y necesito árboles altos para comer. Tú eres un elefante y necesitas mucho sitio para moverte.
- Tal vez podríamos hacernos una visita de vez en cuando. Yo podría disfrutar de tus árboles y tú de todo este espacio - propuso el elefante.
- Perfecto. Eso sí que me parece justo.

Desde aquel momento Doña Jirafa y Don Elefante dejaron de discutir y se convirtieron en grandes amigos.
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