El pingüino que quería vivir en la selva
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El pingüino que quería vivir en la selva

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El pingüino que quería vivir en la selva Había una vez un pingüino que vivía en el Polo Norte que, cansado de pasar frío, decidió irse a vivir a la selva.
- ¡No digas tonterías! - le decía su familia.
- ¿Qué vas a hacer tú en la selva, con el calor que hace? -le decían sus amigos.

Pero el pingüino era muy cabezota y tenía muy claro lo que quería.
- Mañana me iré -dijo-. Voy a dormir un poco para reponer fuerzas.

A la mañana siguiente, el pingüino se fue de polizón aprovechando que zarpaba un barco de científicos que habían estado estudiando las costumbres de los pingüinos en el Polo Norte.

Tardó mucho en llegar a la selva, pero lo consiguió. Pero cuando llegó ya estaba medio muerto. Apenas había comido en los últimos días y estaba reseco.

En un último esfuerzo por sobrevivir, se metió en una charca a bañarse, pero el agua estaba tan caliente que el pingüino tuvo que salir en cuanto se metió.
- Tendré que comer algo -pensó el pingüino. Pero por allí no había nada que el pingüino pudiera comer.

De repente, el pingüino oyó un ruido aterrador. Miró y vio a lo lejos un animal a rayas que caminaba a cuatro patas y que tenía unos enormes bigotes.

- ¿Qué es eso? -dijo el pingüino.
- ¡Corre, corre! -dijo una lagartija que pasaba por allí-. ¡Es un tigre! ¡Y está hambriento! Vete antes de que te coja para la cena.

Pero los pingüinos son bastante lentos caminando. Era imposible que saliera de allí con vida. Entonces…

- ¡Despierta, despierta, pájaro bobo! Si quieres irte tendrás que hacerlo ya. Hay un barco a punto de marcharse y podrás irte de polizón en él.

Era uno de sus amigos. No estaba de acuerdo con su decisión, pero, a pesar de ello, la respetaba.

El pingüino que quería vivir en la selva- ¿Sabes qué? -dijo el pingüino-. He cambiado de idea. Puede que esté harto de pasar frío, pero aquí tengo a mi familia, a mis amigos, tengo comida, agua y ya conozco todos los peligros a los que me expongo.
- Entonces, ¿te quedas? -preguntó su amigo.
- ¡Me quedo!

Y así fue como el pingüino que quería vivir en la selva cambió de opinión. Desde entonces disfruta mucho más del frío, de los baños y de los peces que come.
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