El caballo que quería ser cebra
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El caballo que quería ser cebra

Edades:
A partir de 4 años
El caballo que quería ser cebra Había una vez un hermoso caballo negro que solo tenía un sueño: ser una cebra. Siempre que podía se lo decía a sus compañeros:

-Ojalá fuera una cebra, con esas preciosas rayas de dos colores.

Todos los días hacía lo mismo. Cuando tiraba del carro se lo contaba a su compañero; cuando paseaba con los niños o con los adultos por el campo se lo decía a todo animal que estaba cerca; incluso cuando cortejaba a una hembra acaba diciéndole que preferiría corteja a una cebra hembra.

Tanto insistió el caballo con lo de ser una cebra que entre todos los animales que lo conocía se las arreglaron para pintarse unas rayas blancas mientras dormía.

Cuando al despertar el caballo se vio reflejado en el abrevadero y vio sus rayas blancas se puso muy contento. Al que no le hizo ninguna gracia fue al dueño de la granja, que lo echó de allí pensando que se había colado para comerse la comida de los demás.

El caballo cebra se fue muy contento, sin embargo.

Por el camino se encontró una vaca.

-Hola, vaca. ¿Sabes qué animal soy?

-No sé, no había visto a ninguno como tú -dijo la vaca-. ¿Qué eres?

-Soy una cebra -dijo el caballo.

-Yo doy leche para alimentar a los terneros y también a los humanos -dijo la vaca-. ¿Qué haces tú?

El caballo cebra se quedó pensando, pero no le dio importancia y se fue. Al poco se encontró con una oveja.

-Hola, oveja -dijo el caballo cebra. ¿Sabes qué animal soy?

-No sé, no había visto a ninguno como tú -dijo la oveja-. ¿Qué eres?

-Soy una cebra -dijo el caballo.

-Yo doy lana para hacer mantas y jerséis para calentar a los humanos cuando hace frío -dijo la oveja-. ¿Qué haces tú?

-¡Qué manía con preguntar qué hago! -exclamó el caballo cebra. Y se fue.

Por después se cruzó con una abeja.

-Hola, abeja-dijo el caballo cebra. ¿Sabes qué animal soy?

-No sé, no había visto a ninguno como tú -dijo la abeja-. ¿Qué eres?

-Soy una cebra -dijo el caballo.

-El caballo que quería ser cebraYo cojo polen de las flores para hacer miel junto a mis hermanas, y luego los humanos la cogen y se la comen, que está muy rica y es muy saludable -dijo la abeja-. ¿Qué haces tú?

El caballo cebra se enfadó muchísimo y dijo:

-Nada, no hago nada, porque soy una cebra y las cebras no pintan nada aquí. Ojalá volviera a ser un caballo, y así sería útil y aportaría algo, porque así no sirvo para nada.

En ese momento cayó un chaparrón y al caballo se le borraron las rayas.

-Ahora que se te han quitado las rayas pareces un caballo-dijo la abeja.

-Es que SOY un caballo, amigo -dijo él. Y se fue trotando al establo.

Todos allí le recibieron con mucha alegría. Y ya nunca más se oyó hablar de cebras en aquel lugar.
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