Arturo Pelota
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Arturo Pelota

Edades:
A partir de 6 años
Valores:
Arturo Pelota Había una vez un niño al que llamaban Arturo Pelota, y no era porque le gustara mucho jugar al balón, sino porque se pasaba el día haciendo la pelota a sus profesores. Tanto peloteo no solo despertaba las ganas de broma de sus compañeros, sino que también molestaba a los profesores. Y es que Arturo se pasaba el día adulando a los profesores, ayudándoles a recoger sus cosas, cargando con sus libros, acompañándoles a todas partes para abrirles la puerta, y así un montón de cosas más.

Pero a Arturo no le gustaba nada que le llamaran “Arturo Pelota”, así que cada vez que oía a alguien llamarlo así, Arturo se vengaba chivándose de algo, por ejemplo, de alguien que no había hecho los deberes o de alguien que había insultado a otro.

-No deberías ser tan acusica -le decían los profesores-. Así no vas a hacer amigos.

-Yo no necesito amigos tan necios -respondía siempre Arturo-. Tendrían que aprender todos más de los fantásticos profesores que tenemos.

Y es que Arturo no perdía ocasión de hacer la pelota todo lo que pudiera.

Un día, los compañeros de Arturo se confabularon para darle una lección. Con tanto chivarse, Arturo Pelota les estaba haciendo la vida imposible.

-Mañana, al llegar a clase, hablaremos entre nosotros, muy bajito, y nos lamentaremos todos de que se nos ha olvidado hacer la tarea de matemáticas, pero le diremos a la maestra cuando pregunte que sí lo hemos hecho -propuso Juan-. Cuando Arturo se chive y la maestra nos pida los cuadernos, ese pelota se llevará un buen chasco.

En efecto, cuando Arturo se chivó y la maestra comprobó que todo el mundo había hecho la tarea, esta no tuvo más remedio que castigar a Arturo por mentiroso y acusica.

-Me las vais a pagar -les dijo Arturo a sus compañeros. Y ese día lo pasó pensando en cómo vengarse, en vez de hacerle la pelota a los profesores.

Al día siguiente, los compañeros de Arturo repitieron la jugaba, pero esta vez murmuraron que habían roto el espejo del cuarto de baño de un balonazo. Cuando Arturo se enteró fue a decírselo a un profesor. Pero cuando este comprobó que el espejo estaba intacto castigó a Arturo por mentiroso y acusica.

-Esto no quedará así -dijo Arturo. Un día más, el niño no pudo pensar en otra cosa que en ajustar las cuentas.

Al día siguiente, los compañeros se organizaron para robarle a Arturo el cuaderno de ciencias de la mochila, arrancarle las páginas de la tarea de ese día y devolver el cuaderno sin que se diera cuenta. A la vez, algunos hicieron como que copiaban los ejercicios de otro, como si no lo hubieran hecho.

-Pepita está copiando a Lucía -dijo Arturo en medio de la clase, sin cortarse un pArturo Pelotaelo.

-No es cierto -dijo Pepita-, puede comprobar que mi tarea está hecha y que es diferente de la de Lucía.

La maestra se acercó a comprobar que la niña decía la verdad. Y ya, de paso, comprobó que todos habían hecho la tarea. Arturo le entregó su cuaderno, orgulloso, pues había hecho un gran trabajo. Pero cuando la maestra abrió el cuaderno...

-Arturo, ¿cómo tienes la poca vergüenza de chivarte de tus compañeros sin haber hecho tú el trabajo?

-No es posible, lo tenía hecho. Seguro que alguien me ha arrancado las hojas -dijo Arturo.

-Otra mentira más no, por favor, que vaya semanita llevas -dijo la maestra.

Desde aquello Arturo no volvió a chivarse más de sus compañeros. Y tampoco volvió a hacer la pelota a los profesores, pues vio que eso no le daba ningún privilegio. Eso sí, no consiguió quitarse el apodo de Arturo Pelota.
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