Yoringa y Yoringuel
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Yoringa y Yoringuel

Edades:
A partir de 6 años
Valores:
Yoringa y Yoringuel Hace mucho tiempo, en un viejo castillo situado en un inmenso y espeso bosque. Vivía en él, vivía una bruja. De día, la bruja tenía forma de lechuza o un gato, pero por la noche volvía a recuperar su forma humana.

Todo el que se acercara a cien pasos del castillo quedaba detenido, sin poder moverse de allí, hasta el día en que la bruja se lo permitía. Y siempre que entraba en aquel pequeño círculo una doncella, la bruja la convertía en pájaro, la metía en una cesta y la guardaba en una de las salas del castillo. De esta manera, la bruja había llenado más siete mil cestas.

Yoringa, la doncella más bella que había por allí, era novia de un doncel muy apuesto llamado Yoringuel. Para poder hablar a solas, Yoringa y Yoringuel se fueron un día a pasear al bosque.

-¡Ten mucho cuidado! -dijo Yoringuel-. No te acerques demasiado al castillo.


Atardecía y Yoringa empezó a llorar. Se sentó al sol y vio como Yoringuel también lloraba. Los dos se sentían extrañamente angustiados. De pront, Yoringuel, aterrorizado sintió una angustia de muerte, mientras Yoringa cantaba:


-Mi pajarillo del rojo anillo, canta tristeza, tristeza, tristeza. Canta la muerte a su pinchoncillo. Canta tristeza. ¡Titi, titi, tiri!.


Yoringuel se volvió a mirar a Yoringa. La doncella se había convertido en un ruiseñor y cantaba: "Tiri, tiri".

Una lechuza de ojos rojos pasó tres veces volando sobre sus cabezas, gritando cada vez: "Chu, chu, ju, ju". Yoringuel se sentía como petrificado.


Por fin se hizo de noche y la lechuza volvió a su arbusto, e inmediatamente salió la bruja. Refunfuñando, cogió al ruiseñor y se lo llevó. Yoringuel no podía pronunciar ni una palabra, ni moverse del lugar. El ruiseñor había desaparecido. Por fin volvió la bruja y, con voz sorda, dijo:


-¡Hola, Zaquiel! Cuando brille la luna en su cestita, desátalo, Zaquiel.

Y Yoringuel quedó desencantado. Se puso a los pies de la vieja pidiéndola que le devolviese a Yoringa. Pero ella le respondió que jamás volvería a verla, y se desapareció. El mozo lloró, clamó y se lamentó, pero todo fue en vano.

Yoringuel se fue a la aventura y al fin llegó a un pueblo desconocido, en el que vivió durante mucho tiempo, trabajando como pastor de ovejas. Muchas veces iba a merodear por los alrededores del castillo, pero sin aventurarse nunca a acercarse demasiado. Una noche soñó que encontraba una flor roja como la sangre. Arrancó la flor y se dirigió con ella hacia el castillo. Todo lo que tocaba con la flor quedaba al momento desencantado; al fin recuperara a su Yoringa.

Al levantarse por la mañana se puso a buscar por montes y valles la flor hasta que la encontró. La cortó y se la llevó al castillo. Cuando ya estaba a cien pasos del viejo caserón no se quedó petrificado como temía, sino que pudo continuar hasta la puerta. Muy contento, tocó la flor la verja y ésta se abrió sin dificultad. Al entrar en la sala de las cestas vio como la bruja daba de comer a sus siete mil pájaros.

Yoringa y YoringuelAl ver la bruja a Yoringuel, esta se enfadó y empezó a insultarlo; pero no podía acercársele. Yoringuel, sin hacerle caso, se dirigió a las cestas que contenían los pájaros. Pero entre tantos centenares de ruiseñores, ¿cómo iba a reconocer a su Yoringa?

Mientras seguía buscando, observó que la vieja se llevaba disimuladamente una cesta. Yoringuel se precipitó sobre la bruja, tocó con la flor la cesta y al mismo tiempo a la mujer, la cual perdió en el acto todo su poder de brujería, mientras aparecía Yoringa, tan hermosa como antes. Yoringuel la apretó tiernamente contra su corazón.

Después fueron tocando con la flor cada una de las cestitas, liberando a todas las doncellas que la bruja había convertido en ruiseñores.

De la mano, Yoringa y Yoringuel dejaron el castillo y regresaron a su aldea. Luego se casaron y vivieron felices muchos años.
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