El bisabueo
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El bisabueo

Edades:
A partir de 6 años
El bisabueo ¡Qué cariñoso, listo y bueno era bisabuelo! Nosotros sólo veíamos por sus ojos. En realidad, por lo que puedo recordar, lo llamábamos abuelo; pero cuando entró a formar parte de la familia el hijito de mi hermano Federico. Nos quería mucho a todos, aunque no parecía estar muy de acuerdo con nuestra época.

- ¡Los viejos tiempos eran los buenos! - decía-. Hoy todo va al galope, todo está revuelto. La juventud lleva la voz cantante, y hasta habla de los reyes como si fuesen sus iguales.

Cuando soltaba uno de estos discursos, el bisabuelo se ponía rojo como un pavo; pero al cabo de un momento reaparecía su afable sonrisa, y entonces decía:

- ¡Bueno, tal vez me equivoque! Soy de los tiempos antiguos y no consigo acomodarme a los nuevos.

Cuando el bisabuelo hablaba de los tiempos pasados, yo creía encontrarme en ellos. Cierto que en aquella época ocurrían también muchas cosas repugnantes y horribles, pero también oía muchas cosas buenas. Era magnífico oír al bisabuelo hablar de todo aquello y de sus años juveniles.

El bisabuelo escuchaba con ojos brillantes cuando Federico hablaba o leía en voz alta acerca del progreso de las ciencias, de los descubrimientos de las fuerzas naturales, de todo lo notable que ocurría en nuestra época.

- Los hombres se vuelven más listos, pero no mejores - decía el bisabuelo -. Inventan armas terribles para destruirse mutuamente.

- Así las guerras son más cortas -replicaba Federico-. No hay que aguardar siete años para que venga la bendita paz.

El bisabuelo no podía ponerse de acuerdo con Federico, pero tampoco podían separarse, de igual manera que la época vieja y la nueva. Bien se dieron cuenta ellos dos y la familia entera, cuando Federico hubo de emprender un largo viaje a América. Aunque los viajes eran cosa corriente en la familia, aquella separación resultó bien difícil para el bisabuelo.

Llegó un saludo por el hilo telegráfico el día en que Federico embarcó en Inglaterra. Más rápido que una carta llegó un saludo de América, al desembarcar en ella Federico. Fue unas pocas horas después de haber puesto pie en tierra firme.

- Realmente, es una idea de Dios regalada a nuestros tiempo - dijo el bisabuelo -, una bendición para la Humanidad.

- Y según me dijo Federico, estas fuerzas naturales se descubrieron en nuestro país - observé.

- Sí - afirmó el bisabuelo-. Y yo he visto los dulces ojos infantiles que por primera vez descubrieron y comprendieron estas fuerzas de la Naturaleza; eran unos ojos infantiles como los tuyos.

Había transcurrido más de un mes cuando llegó una carta de Federico con la noticia de que estaba prometido. Enviaba su fotografía.

- ¡Ah, si entonces hubiesen conocido este invento! - dijo el abuelo -. Habríamos podido ver cara a cara a los bienhechores y a los grandes hombres del mundo.

Los recién casados llegaron a Inglaterra contentos y en perfecta salud, y embarcaron en un vapor con destino a Copenhague. Ya a la vista de la costa danesa se levantó una tormenta, y el barco encalló en un arrecife. A pesar de la dificultad, todos los de a bordo se salvaron antes del amanecer.

El bisabueoNosotros dormíamos tranquilamente en Copenhague, sin pensar en desgracias ni peligros. Por la mañana llegó por telégrafo la noticia del naufragio de un barco inglés en la costa occidental de la península. La angustia que experimentamos fue terrible, pero a los pocos momentos se recibió otro telegrama de los queridos viajeros, Federico y su esposa, anunciando su próxima llegada.

Todos lloramos y el bisabuelo bendijo la nueva época. Aquel día el bisabuelo destinó doscientos escudos para el monumento a Hans Christian Örsted, ya que su descubrimiento permitió la invención del telégrafo.

Al llegar Federico con su joven esposa y enterarse de aquel gesto, dijo:

- ¡Muy bien, bisabuelo! Ahora te leeré lo que Örsted escribió, hace ya muchos años, sobre los tiempos viejos y los modernos.

- Probablemente sería de tu opinión - preguntó el bisabuelo.

- Puedes estar seguro - respondió Federico -, y tú también lo eres, puesto que has contribuido a su monumento.
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