Rudy, la pala excavadora
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Rudy, la pala excavadora

Edades:
A partir de 6 años
Rudy, la pala excavadora En un pueblecito de profundos valles al pie de las montañas, con pequeños ríos de agua cristalina, se encontraban cinco casas que vivían en la armonía de la naturaleza, rodeados de la lluvia y la nieve en los inviernos fríos y del sol y el viento en los relajados veranos.
Este invierno, sin embargo, empezó un poco antes y todos los habitantes se encontraban despistados. No habían sacado todos sus abrigos, ni todas sus herramientas para prevenir las ventiscas y el furor de las tormentas. Desde el primer domingo de diciembre el agua no dejo de caer del cielo y casi ninguno de los vecinos tenía ganas de salir al frío. Todo se complicó cuando a inicios de enero empezó a nevar sin parar. Un día tras otro los copos dejaron su manto blanco por todos los sitios, hasta tal punto que todas las casas quedaron con sus puertas bloqueadas.
Todos estaban preocupados porque ni los dos pequeños del pueblo podían ir al colegio, ni los adultos cuidar a sus animales e ir a trabajar. Intentaban llamar a los servicios de emergencia, pero estaban ocupados limpiando y quitando nieve en otros pueblos más grandes.
Los coches del parking de los bomberos no paraban de moverse para ayudar, todos menos uno, una pala excavadora que nunca era usada por considerarse vieja y grande. Esta pala se llamaba Rudy y hacía muchos años era una gran herramienta para ayudar a todos los pueblos a librarse de las nieves del invierno y de muchos incidentes que sucedían en las montañas. Pero eso mucho tiempo atrás, y las nuevas palas, tractores y camiones la dejaron en el olvido.
Rudy sufría mucho estando parada y sin poder ayudar a los vecinos de este pueblecito, así que se armó de valor y decidió ponerse en Rudy, la pala excavadoramarcha. Poco a poco sintió como su interior tosía y echaba humo, pero al final consiguió arrancar. Recorrió poco a poco la carretera. Cuando todos los vecinos la vieron llegar arrastrando nieve y abriendo camino salieron a aplaudirla de emoción. Se acordaban de cuando la veían esos años trabajar sin descanso.
- ¡Qué bien, Rudy! Gracias por salvarnos.
Todos los vecinos pudieron salir de sus casas y no hizo falta más ayuda.
Rudy no podía sentirse más contenta. A partir de ese momento decidió que volvería a funcionar todo el invierno.
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