Max-Tey11
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Max-Tey11

Edades:
A partir de 8 años
Max-Tey11 Los científicos del área de inteligencia artificial de la empresa Tech-Tey estaban trabajando en su nuevo proyecto: el Max-Tey11. Se trataba de un nuevo robot que apuntaba a ser casi igual que un ser humano en cuanto a comportamiento y pensamiento. El Max-Tey11 podría realizar cualquier tarea de la misma forma que un humano y, además, podría mantener conversaciones de manera fluida y almacenar información académica en su memoria con una capacidad ilimitada.

Después de arduos meses de trabajo en el laboratorio de inteligencia artificial, la versión que saldría a la venta del Max-Tey11 estaba lista. Cada usuario podría personalizarlo en cuanto a gustos,
conocimientos, idioma y temperamento, entre otras características. Las funciones para las que serían usados serían diversas. Para hacer trabajos, para ayudar en el hogar, fines educativos, como niñero e incluso como compañero para personas solitarias.

Los anuncios previos al lanzamiento fueron todo un furor. Las personas no dejaban de hacer preguntas a la compañía y a las tiendas para saber cuándo sería el día en que podrían hacerse de su Max-Tey11. El público desbordaba de ansiedad y los fabricantes se encontraban felices con las repercusiones de su nuevo robot.

Finalmente, el día de la llegada del Max-Tey11 al mercado había llegado. Y como todo parecía indicar, fue un éxito rotundo. Las unidades se vendieron por completo y se agotaron de inmediato.

Las primeras semanas las personas estaban maravilladas con las aptitudes de sus robots. Cada uno de los compradores había personalizado a su Max-Tey11 convirtiéndolos en los más hábiles ayudantes, los mejores compañeros de paseo e incluso los pensadores más interesantes con los cuales debatir diversos temas.

Incluso se habían llegado a organizar eventos con los diferentes Max-Tey11 según categorías de su personalización. Competiciones de atletismo, carreras automovilísticas, concursos de canto, partidas de ajedrez y olimpiadas matemáticas, entre otras categorías. Eran eventos de gran dificultad en su definición debido a que todos los robots contaban con increíbles capacidades. Las personas estaban fascinadas tanto con inscribir a sus robots en estas competiciones como con asistir a los eventos como espectadores.

Pero pasados unos meses los teléfonos de la compañía Tech-Tey comenzaron a recibir cientos de llamados con quejas y con manifestación de problemas con sus Max-Tey. Los propietarios de los robots comentaban que en situaciones de estrés sus androides colapsaban. Estos, o bien se quedaban paralizados sin responder a ningún comando, o se sobrecalentaban y echaban humo, o empezaban a hacer movimientos sin control y esbozar palabras al azar. Algunas veces también realizaban comportamientos agresivos. La única solución que encontraban los usuarios era apagarlos. Volviendo a encenderlos más tarde el problema parecía haber desaparecido. Pero a medida que estos fallos se repetían en un Max-Tey11 se hacían más frecuentes y cada vez más graves, poniendo en riesgo la vida útil del robot y la seguridad de sus usuarios.

La investigación no fue sencilla. Los ingenieros de la compañía realizaron múltiples investigaciones y expusieron a los robots a muchas y variadas situaciones para arribar a la solución del problema. Tras muchas pruebas los científicos notaron que al haber realizado los robots tan similares a los humanos eran capaces de sentir emociones. Pero al no ser una característica prevista los Max-Tey11 no contaban con el programa para gestionar sus emociones y por ende colapsaban sus sistemas
en situaciones de estrés.

DMax-Tey11e esta manera se les encargó a los programadores de la empresa el desarrollo de un programa de control y manejo de emociones para instalar en los robots y así, con esa actualización, acabar con el problema que los usuarios estaban manifestando.

Después de algunas semanas, el programa estuvo listo y tras una actualización del sistema de los Max-Tey11 se les añadió la función de gestionar las emociones que se les presentaban ante diversas
situaciones. Ahora los robots si se veían frente a una situación que los enojaban, manifestaban lo que sentían y marcaban el límite que los había llevado a sentirse así a su entorno. En otras ocasiones los robots enojados salían a correr o a realizar algún deporte al aire libre para equilibrar su sistema. Y si se sentían tristes lo expresaban y descansaban para procesarlo.

Pasado un tiempo, la empresa Tech-Tey realizó una encuesta a los usuarios de los robots para conocer como habían ido los Max-Tey11 después de la actualización. Los resultados fueron maravillosos. Todos estaban felices con sus robots, los fallos no habían vuelto a presentarse y las capacidades y habilidades de estos se habían potenciado. Ahora todas las familias que contaban con uno de estos androides en su hogar estaban felices, y los Max-Tey11 también.
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