Los dos profes
Síguenos en:

Los dos profes

Edades:
A partir de 6 años
Valores:
Los dos profes En el vecindario de Teo vivían dos ancianos que llamaban la atención del niño. A Teo le daba curiosidad que ambos tenían vidas muy distintas, uno de ellos vivía en su casa solo, nadie lo visitaba y tenía cara de amargado constantemente.

Por su parte, la otra anciana vivía con uno de sus hijos, su nuera y nietos, además recibía constantemente visitas de sus otros hijos, nietos y unos cuantos amigos. Un buen día, de camino hacia la plaza, Teo le preguntó a su padre.

—Papá, ¿por qué la anciana está siempre rodeada de sus seres queridos, y el hombre de la otra casa siempre solo?

—¿Por qué te preocupa eso Teo?

—Pues no lo sé, pero no entiendo. ¿No tiene familia ese anciano?

—Claro que la tiene hijo¿Tienes ganas de oír una historia?

—Por supuesto- respondió Teo.

Padre e hijo llegaron a la plaza, se sentaron en un banco, y el hombre empezó a relatarle a su hijo la siguiente anécdota.

En la escuela del pueblo había muchos profesores, pero dos se destacaban sobre el resto, una de ellos por su amabilidad y bondad, y el otro por cascarrabias y malvado. La profesora era muy amorosa con todos sus alumnos. Enseñaba muy bien a todos los niños y se preocupaba por ellos. Cada día los saludaba amorosamente, y los despedía al final de las clases de la misma manera. Si se equivocaban con las tareas o en los exámenes, con mucha paciencia les explicaba el asunto para ayudarlos a mejorar. Si debía regañarlos por algún asunto, lo hacía haciéndose respetar pero sin maltratar a los alumnos.

El otro profe, en cambio, era muy estricto. Llegaba con cara de haberse chupado un limón y siempre se dirigía a los alumnos de una manera muy fría. Apenas se acordaba sus nombres. Tenía poca paciencia para explicar, cuando le hacían una pregunta, respondía de mal humor como si los niños no hubieran entendido por tontos. A la hora de regañarlos lo hacía de muy malos modos.

—Obviamente, los niños adorábamos a la profesora. Y a él, bueno, mejor lejos.

—¿Adorábamos?.¿Eras tú uno de ellos?

—-Pues si, esa escuela era la mía y esos fueron dos de mis profesores. Y tú los conoces.

TLos dos profeseo tardó muy poco en entender que los dos profesores de su papá eran los ancianos del vecindario que llamaban su atención.

—Los dos profesores aún viven en el pueblo, y son esos ancianos que me preguntabas. ¿Ahora entiendes?

—Sí, ahora tiene mucho más sentido.

—Nuestras acciones tienen consecuencias Teo, si no somos amables con quienes nos rodean y no actuamos con buenos valores, no es lógico esperar retribución de los demás.

—Pobre anciano, qué pena que no lo haya entendido antes —suspiro Teo, que con su buen corazón solía preocuparse por los demás, incluso siendo tan pequeño.

Después de la charla, Teo jugó y correteó por la plaza. Desde ese día siempre recordó la historia de los dos profes que paso a formar parte de sus valores personales.
Puntuación media: 8,7 (138 votos)
Tu puntuación:
Cuentos con valores similares