La niña que no quería cantar
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La niña que no quería cantar

Edades:
A partir de 6 años
La niña que no quería cantar A Candela le gustaba mucho cantar. Candela cantaba a todas horas, desde que se levantaba hasta que se acostaba. Incluso metida en la cama seguía cantando, hasta que se quedaba dormida.

Pero un día Candela dejó de cantar. Al principio nadie le dio importancia, pero después de unos días todos los que la conocían empezaron a preocuparse. Candela estaba muy callada.

-¿Por qué no cantas, Candela? -le preguntaban todos. Ella respondía que no tenía ganas o que ya estaba aburrida de tanto cantar.

Un día la maestra dijo en clase que había preparado un número especial para el festival de la amistad que todos los años celebraban en el cole.

-Este año prepararemos un número musical. Pero en vez de cantar todos juntos, como hemos hecho otras veces, cantaréis de uno en uno.

Todos los niños aplaudieron. A todos les encantaba cantar. Pero la maestra no había acabado, así que les pidió silencio y continuó hablando:

-Aunque todos tendréis un papel importante el número requiere de un protagonista, así que haremos una pequeña prueba entre los que deseen el puesto de solista. ¿Quién quiere probar suerte?

Todos los niños levantaron la mano, todos menos Candela. La maestra se quedó un poco sorprendida, pero no le dio demasiada importancia.

Durante los días siguientes los niños no hablaron de otra cosa, todos menos Candela, que no fue al cole porque se había puesto mala.

El día que Candela regresó al cole, después de varios días en cama, coincidió la prueba de canto para elegir solista. Claudia, una de sus mejores amigas, se acercó a ella y le dijo:

-Ya sé que ya no te gusta cantar, Candela, pero podrías intentarlo. ¡Lo mismo le vuelves a cogerle el gusto!

-Eso es imposible -dijo Candela-. A nadie puede gustarle una voz como la mía.

-¿Qué le pasa a tu voz? -preguntó Claudia-. A mí siempre me ha gustado tu voz.

-Eso es que no la has oído bien -dijo Candela-. ¿No te has dado cuenta de que es… cavernosa? Parece que canto desde una tumba.

-Eso es porque tu voz es bastante grave-dijo Claudia-. Por eso mola tanto.

-¡Qué dices! -exclamó Candela-. ¡Ni los niños tienen la voz tan grave, o como quiera que se diga eso!

-¡Y qué más da! -dijo Claudia-. Yo tengo la voz tan aguda que a veces parece que pongo voz de pito. Y Marta… ¿has oído cantar a Marta? Cuando no estás dice que ya le gustaría a ella ser capaz de cantar tan dulce, afinado y con tanto sentimiento como cantas tú. Tendrás un voz grave, pero tu forma de cantar es la envidia del colegio, seguro que de la ciudad entera. Tienes una forma de cantar y un timbre muy peculiar.

-No sé, hace poco me dio por pensar que tenía una voz tan diferente de la que teníais y que… no sé, que no podía ser bonita cuando era tan diferente -dijo Candela.

La niña que no quería cantar-Ser diferente es lo que te hace especial -dijo la maestra, que había escuchado la conversación de las dos niñas-. No cantas bien porque tu voz sea más o menos melodiosa, ni tampoco te hace tener mejor voz el que sea más o menos aguda. Venga, cántanos algo, por favor.

Candela se colocó delante de sus compañeros, cerró los ojos, e interpretó a capella uno de sus temas favoritos, Over the rainbow. Cuando acabó se hizo el silencio. Tras unos segundos que se hicieron interminables todos los niños se levantaron y empezaron a aplaudir.

-¡Can-de-la, Can-de-la! -gritaban todos.

-Es la hora de votar quién será la solista o el solista -interrumpió la maestra.

Los niños se miraron unos a otros y volvieron a gritar:

-¡Can-de-la, Can-de-la!

-Entonces, por unanimidad, tenemos solista: ¡Candela!

Ese día Candela volvió a ser la de siempre y perdió el miedo a ser ella misma.
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