Ignus y el misterio de la sartén de fuego
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Ignus y el misterio de la sartén de fuego

Edades:
A partir de 4 años
Valores:
Ignus y el misterio de la sartén de fuego En un lejano país vivía el mago Ignus, un mago muy curioso al que le encantaba jugar con fuego. A Ignus le encantaba lanzar un conjuro y hacer que las cosas que había alrededor empezarán a arder. Pero lo que más le gustaba era la columna de humo que salía cuando apagaba el fuego con un cubo de agua que sacaba rápidamente de un pozo.

Ignus nunca hacía sus experimentos dentro de casa para que esta no saliera ardiendo. Aún así, en más de una ocasión se había llevado un buen susto.

-No deberías jugar con fuego - le decía su vecina la bruja.

-¡Hay que ver qué aburrida eres, vecina bruja! - contestaba Ignus.

- Algún día tendrás problemas con el fuego - insistía la bruja. Pero Ignus le da igual, y seguía a sus cosas.

Un día, mientras Ignus se preparaba la cena, alguien llamó a la puerta. Normalmente, Ignus no tenía nunca visita, y eso le extrañó.

- Seguro que es la pesada de mi vecina la bruja - dijo Ignus-. Cerrar regañarme por la gran humareda que he preparado esta tarde ahí fuera. La despachará en un santiamén.

Y dejando la sartén en el fuego, Ignus a abrir la puerta. Cuál fue su sorpresa al descubrir que no era la bruja quién llamaba la puerta, sino un antiguo compañero de estudios al que hacía décadas que no veía.

-¡Qué sorpresa viejo amigo! - dijo Ignus al abrir la puerta.

- Estoy de paso y al saber que vivías aquí quería pasar a saludarte - dijo el otro.

Ambos empezaron a hablar sobre su vida, su trabajo y sus proyectos. apenas llevaban unos minutos hablando cuando se oyó a la bruja avecina gritar:

-¡Fuego, fuego!

- No te alarmes vecina, no estoy jugando con fuego - dijo Ignus.

- Entonces, ¿ qué es lo que veo por la ventana de tu cocina? - preguntó la bruja.

Ignus fue corriendo hasta la cocina. La sartén estaba ardiendo. Sin entender que pasaba, el mago fue corriendo al pozo por un cubo de agua. Su viejo compañero y la vecina bruja cogieron otro cubo de agua, por si acaso.Y, como con los fuegos, Ignus tiró al agua sobre la sartén.

Pero el fuego, en vez de apagarse, se enfureció más. Algo que había en la sartén saltó hacia Ignus y su capa comenzó a arder. Por suerte su amigo mago y la bruja estaban allí y le echaron encima sus cubos de agua y el fuego se apagó. Pero la sartén sigue ardiendo.

-¿Este es otro de estos experimentos mágicos, Ignus? - preguntó la bruja-. ¿Ahora te dedicas a jugar con fuego dentro de casa?

-¡No! Estaba haciéndome la cena - dijo Ignus. Y añadió, muy asustado:

-Este fuego misterioso va a quemar mi casa y no puedo hacer nada para evitarlo.

Viendo que el agua no conseguía apagar el fuego, ambos magos empezaron a lanzar hechizos. Y así estuvieron un buen rato. Hasta que al visitante se le ocurrió preguntar:

-¿Qué había en la sartén, Ignus?

- Aceite - respondió Ignus-. Iba a freír unas patatas.

-¿Y has dejado la sartén al fuego llena de aceite? - preguntó la bruja.

-Sí - respondió Ignus-. ¿Por qué lo preguntas?

-Lo que arde la sartén es el aceite -dijo la bruja-. Rápido, trae un paño mojado o una tapadera.

IIgnus y el misterio de la sartén de fuegognus cogió la gran tapadera y se la dio a la bruja.

-Esa no, que es de cristal -dijo la bruja-. Dame una tapadera metálica.

Ignus buscó una tapadera metálica y de la dio a la bruja. Esta puso la tapadera encima del fuego y retiró la sartén a un lado.

-¿Qué haces? - dijo horrorizado Ignus.

-Listo - dijo la bruja, levantando la tapadera de la sartén. El fuego había desaparecido.

La bruja miró a los dos magos y les dijo:

-Cuando arde una sartén con aceite no debes echar agua. Lo que debes hacer es tapar la sartén en llamas con algo, como un trapo mojado o una tapadera metálica.

-¿Por qué no valen las de cristal? -preguntó Ignus.

-Porque pueden explotar con el calor del fuego -dijo la bruja.

-Y, ¿el trapo húmedo? -preguntó el visitante.

-Eso también vale -dijo la bruja- pero debe estar húmedo para que no se prenda.

-Entonces, misterio resuelto, ¿no? -dijo Ignus.

-¿Pedimos una pizza? -preguntó el visitante, ante la sorprendida mirada de los otros- ¿Qué? Vengo de viaje. ¡Tengo hambre!
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