El príncipe de la torre y el dragón dormilón
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El príncipe de la torre y el dragón dormilón

Edades:
A partir de 4 años
Valores:
El príncipe de la torre y el dragón dormilón Había una vez un príncipe encerrado en una torre. Al pie de la torre descansaba un dragón dormido, que no se movía de allí para nada.

El príncipe no sabía cómo había llegado allí. Lo último que recordaba era a un brujo lanzando chispas con una varita mágica en medio de la sala del trono y a sus padres gritando: “vete, hijo, huye de aquí”.

—Ese brujo me ha encerrado aquí y ha puesto a un dragón para evitar que vuelva a casa a recuperar lo que es mío —pensaba el príncipe.

El príncipe quería irse, pero al ver el dragón se asustaba. Cada vez que hacía un ruido, por pequeño que fuera, el dragón daba un golpe en el suelo con su gran cola. Y si hacía un ruido un poco más fuerte, el dragón resoplaba y dejaba escapar humo por los orificios de su nariz. Algunas veces, si el ruido era muy fuerte, incluso habría un ojo.

El tiempo pasaba y el príncipe no sabía qué hacer para salir. Hasta que un día, lleno de rabia, gritó:

—¡Quiero salir de aquí!

En ese momento, el dragón se despertó y dijo:

—Ya era hora, mi señor príncipe. Pensé que no me ibas a llamar nunca.

—¿Qué? —preguntó el príncipe.

—Cuando el brujo malvado lanzó la maldición contra tus padres, tu hada madrina se sacó de allí y te envió a esta torre —explicó el dragón—. Pero no llegó a tiempo de anular la maldición del brujo, y tuvo que hacer algunos apaños para meterte aquí.

—Entonces, si hubiera gritado antes o si hubiera intentado salir… —pensó el alto el príncipe.

—Exacto, mi señor príncipe, antes me habría despertado y antes hubiéramos regresado al castillo a liberar a todos de la maldición del brujo —dijo el dragón.

El príncipe de la torre y el dragón dormilón¡Soy un zoquete! ¡Y un cobarde! —lloriqueó el príncipe.

—Vale ya de lamentos, que tenemos trabajo —dijo el dragón, estirándose ruidosamente—. Vamos, que más vale tarde que nunca.

El príncipe se subió a lomos del dragón y puso rumbo a su castillo.

Juntos recuperaron el reino y liberaron a todos sus habitantes, incluidos los reyes.

A partir de entonces, el príncipe no volvió a tener miedo y, junto al dragón, se dedicó a liberar del mal a todos los oprimidos. Pasó miedo, pero nunca jamás dejó este le impidiera cumplir con su misión.
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