El dragón que no podía volar
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El dragón que no podía volar

Edades:
A partir de 4 años
El dragón que no podía volar Había una vez un dragón que no podía volar. Desde pequeño no había sido capaz de mover sus alas, por más que lo había intentado.

—Eres la vergüenza de todos los dragones, el hazmerreír de la familia —le decían sus familiares.

Todos los demás dragones se reían de él. En el colegio incluso le habían tirado desde los salientes más altos de las montañas pensando que así el dragón, por instinto, utilizaría sus alas. Pero solo había conseguido darse grandes golpes contra el suelo, porque no había manera de que sus alas funcionaran.

Él, harto de caídas y burlas, decidió irse de casa. Una noche cogió sus cosas y se fue caminando. Había oído hablar de un hechicero que conseguía lo imposible, y salió en su busca.

Después de varios días, el dragón llegó a una pequeña aldea. Allí vivía el hechicero.

—¿Podías ayudarme a volar? —preguntó el dragón.

El hechicero probó todos sus hechizos, pócimas y trucos con el dragón, pero no consiguió que volara.

—No puede hacer nada por ti, amigo —dijo el hechicero—. Pero tengo un amigo inventor que a lo mejor puede ayudarte.

—¿Inventor? —dijo el dragón, un poco confundido.

—Vete a verlo —dijo el hechicero—. No tienes nada que perder.

El dragón fue a ver al inventor.

—Este es un caso muy extraño, amigo dragón, déjame que lo piense un poco —dijo.

Tras unos días, el inventor fue a ver al dragón. Llevaba un aparato bastante extraño con él.

—¿Has montado alguna vez en bicicleta? —preguntó el inventor al dragón.

—¿En bicicleta? ¡No! ¿Para qué querría yo montar en bicicleta? —dijo el dragón.

—Bueno, no importa, ahora verás por qué te le digo —dijo el inventor.

El inventor cogió el aparato que llevaba y se lo colocó al dragón.

—Eso que llevas ahí son pedales, como los de una bicicleta —le dijo—. Empieza a pedalear.

El dragón que no podía volarNo entiendo nada —dijo el dragón.

—Confía en mí y pedalea —dijo el inventor.

El dragón colocó sus enormes pies en los pedales y, para su sorpresa se fue alejando del suelo poco a poco.

—¡Estás volando, amigo! —gritó el inventor.

Poco a poco el dragón dejó de pedalear y aterrizó, con cierta torpeza.

—En unas horas dominarás el mecanismo —dijo el inventor.

El dragón le dio las gracias al inventor y volvió volando a su casa. Cuando los demás le vieron no podían creerlo.

El dragón que volaba a pedales se convirtió en el más famoso y más valeroso de todos los dragones de la región.
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