La ardilla Martilla y las zanahorias
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La ardilla Martilla y las zanahorias

Edades:
A partir de 4 años
La ardilla Martilla y las zanahorias La ardilla Martilla era especialista en encontrar comida y almacenarla para el invierno. Durante el verano, la ardilla Martilla recogía todas las que podía y las guardaba para el invierno. Era un trabajo duro, pero ello lo hacía con mucho gusto.

—¿Por qué no vienes a jugar con nosotras? —le preguntaban las demás ardillas.

—Tengo que recoger comida para el invierno —dijo Martilla.

—En invierno siempre hay comida de sobra —dijo una de las ardillas.

—Ya, pero no siempre se puede ir a cogerla —dijo Martilla.

—En otoño también hay mucha comida disponible para guardar —djio otra ardilla.

—Sí, pero nunca se sabe quién más la estará buscando —dijo Martilla.

Un día, la ardilla Martilla vio a una familia de conejos recogiendo zanahorias. Pero las tenían amontonadas de muy mala manera. Como a ella se le daba muy bien encontrar escondites apropiados para la comida, pensó que podría hacer un buen negocio ayudando a los conejos.

—Amigos conejos, quiero hacer un trato con vosotros —dijo Martilla—. Yo os ayudo a almacenar vuestras zanahorias y, a cambio, vosotras, me dais un parte.

A los conejos les pareció buena idea. Y eso hicieron.

Otros conejos también le pidieron ayuda, así que Martilla tuvo mucho trabajo. A cambio, consiguió muchísimas zanahorias.

Cuando llegó el invierno, los conejos tenían muy bien almacenadas sus zanahorias y tenían de sobra para todo el invierno.

Cuando la ardilla Martilla se fue a su casa, se dio cuenta de que tenía bastantes zanahorias, pero muy poca comida de la que a ella le gustaba. Además, no era suficiente. Le había dedicado tanto tiempo a los conejos que se había olvidado de recolectar lo que a ella más le gustaba.

—¿Qué te pasa, ardilla Martilla? —le preguntó su vecina, una ardilla anciana muy sabia que siempre le daba buenos consejos.

LLa ardilla Martilla y las zanahoriasa ardilla Martilla le contó lo que le había pasado.

—Podemos hacer una cosa —dijo la vecina—. Tengo mucha comida almacenada, pero no tengo zanahorias, y me gustan mucho. Si te parece, podemos hacer un intercambio.

—Muchas gracias, vecina, eres muy amable —dijo la ardilla Martilla.

Cuando la primavera volvió, la ardilla Martilla decidió organizarse mejor. Además, quedó con su vecina y con otras ardillas para intercambiar zanahorias, que Martilla conseguía de sobra, por otros alimentos.

Desde entonces, en el bosque todos tienen comida de sobra y muy variada, gracias al trabajo y a la colaboración de todos.
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