Fíctor, el pez que soñaba con volar
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Fíctor, el pez que soñaba con volar

Edades:
A partir de 4 años
Fíctor, el pez que soñaba con volar Había una vez un pez llamado Fíctor. Fíctor no era un pez común, tenía un sueño. Un sueño que parecía imposible para los demás peces. Él soñaba con volar.

Fíctor era un pez muy pequeño, pero su deseo de volar era más grande que cualquier cosa. Miraba con envidia a las gaviotas que volaban por encima de las olas, deseando un día ser como ellas.

Los otros peces se reían de Fíctor, le decían que era un soñador, que los peces no podían volar. Pero Fíctor no dejó que eso le desanimara.

Un día, Fíctor encontró una pluma flotante en el agua. La recogió y la examinó. Pensó que si las aves podían volar con plumas, quizás él también podría. Así que comenzó a juntar todas las plumas que encontraba, atándolas a su cuerpo con algas marinas.

Después de muchas semanas de esfuerzo, aquel pez soñador consiguió tener suficientes plumas atadas a su cuerpo.

En cuanto colocó el último, Fíctor dio un salto gigante fuera del agua y por un breve momento, sintió el viento en sus escamas. Pero pronto cayó de nuevo al océano. El pobre Fíctor se sintió descorazonado; sin embargo, no estaba dispuesto a renunciar a su sueño.

—Tengo que encontrar la forma de volar —exclamó el pez.

La anciana tortuga Anatuga había seguido de cerca todo el proceso, y se acercó a ver al joven Fíctor. Anatuga había vivido durante muchos años y había visto cosas que la mayoría de los peces solo podían soñar.


—Jovencito, tengo algo que decirte —empezó a decir Anatuga—. No se trata solo de las plumas, las aves también pueden volar gracias a la forma de sus alas.

Fíctor quedó sorprendido. Pasó los siguientes meses estudiando a las aves, observando cómo volaban, cómo se movían. Comenzó a saltar fuera del agua, aleteando sus aletas como alas. Cada vez que saltaba, permanecía en el aire un poco más de tiempo.

Fíctor, el pez que soñaba con volarUn día, después de muchos meses de práctica, Fíctor dio un salto gigante fuera del agua. Aleteó sus aletas y para su sorpresa, no cayó de inmediato. Por primera vez, estaba volando.

No duró mucho, porque enseguida necesitaba volver al agua, porque no podría respirar fuera del agua.

Y así, día tras día, durante breves momentos, Fíctor volaba por encima de las olas. Los otros peces lo miraban asombrados.

Y así, Fíctor, el pez que soñaba con volar, se convirtió en una leyenda en el océano, un testimonio del poder de los sueños y la tenacidad.
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