El pirata Paralata y la maldición de la linterna
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El pirata Paralata y la maldición de la linterna

Edades:
A partir de 6 años
Valores:
El pirata Paralata y la maldición de la linterna El pirata Paralata había decidido surcar los mares con un viejo barco que había arreglado, un barco heredado de su abuelo, el pirata Pataleta. El pirata Paralata era un pirata muy tranquilo y valiente, que sin tener mucha experiencia navegando se enfrentaba a cruzar los mares sin tener en cuenta las mil y una tempestades.

Cuando se gastó todas las monedas de oro que tenía en su saco de tela, el pirata Paralata decidió subir a su barco a varios marineros para vender entre todos mercancías por los países y poder vivir de ello. Cada vez que conseguía vender las cosas cantaba por el barco y todos sabían que estaba muy alegre, porque lo que más contento le ponía era ganar monedas de oro.

Vendían todo tipo de materiales, telas, minerales, objetos antiguos, y paraban en los puertos de muchos pueblecitos para comprar cosas y poder llevarlas a los demás países.

Un día de nubes oscuras el pirata Paralata fue a un mercado en un país del norte y allí encontró muchas cosas. En un puesto había las mejores telas traídas de la india, con multitud de colores, en otro puesto había juegos de café y té de plata y bronce que brillaban como si tuvieran algo mágico.

El pirata Paralata se fijó en un objeto especial, una linterna negra que tenía unos botones de plata y parecía que mostraba una gran luz. Paralata se fijó en la mujer que atendía el puesto tenía su ropa rota y manchada, su pelo muy largo y enredado y las cosas de alrededor parecían muy viejas.

Paralata se dirigió hacia la mujer del puesto para preguntarle cuántas monedas de oro costaba el preciado objeto y la mujer le dijo:

-Tú ves cómo vivo. Dame el oro que consideres.

Paralata solo pensaba en tener más monedas de oro, así que sin importarle que la mujer necesitara ayuda decidió darle solo una moneda. Esta probó la linterna delante del pirata y salía un haz de luz muy grande, así que se la llevó tras la oferta.

Una vez acabaron las compras todos volvieron al barco. Esa misma noche una gran tormenta llegó de forma repentina al mar que cruzaban y Paralata decidió usar la linterna para llegar hasta la proa del barco desde su camarote. Cogió ilusionado el objeto y cuando presionó los botones de plata, no salió ni un rayo de luz. ¿Cómo podía ser?

El pirata Paralata lo intentó varias veces y no hubo forma, así que pensó que la extraña mujer le había engañado. Todos los piratas vieron el enfado del capitán, pero nadie sabía cómo encender la linterna.

Pasaron varios meses y muchas tormentas, mas cuando volvieron a atracar con el barco en la misma isla donde encontró la linterna, el pirata decidió buscar a la mujer para llevarle el objeto y decirle que era un engaño y que ni una moneda de oro valía. Dio vueltas y vueltas y no encontraba el puesto de antigüedades de la señora. Decidió preguntar a un vendedor de alfombras y este le indicó dónde estaba. Cuando se acercó, cuál fue su sorpresa cuando se encontró a la señora con el pelo corto, las ropas nuevas y los objetos de alrededor muy limpios y ordenados. Casi no la reconocía.

El pirata Paralata y la maldición de la linterna-Soy el Pirata Paralata. ¿Te acuerdas de mí? Hace unos meses te compré una linterna que pensé que sería muy útil, pero no me funcionó para nada. No me gusta que me engañen, yo vendo mercancías y si algo no funciona no lo vendo.

-Ay, Pirata Paralata. Pensaste que era algo muy útil, pero lo quisiste comprar a precio de algo que no valía nada. Mis objetos son mágicos y funcionan con aquellos dueños que les dan valor. Así que tienes lo que te mereces, porque ni siquiera pensaste en ayudarme y tampoco en la importancia de lo que comprabas. Espero que aprendas la lección.

El pirata Paralata quedó muy sorprendido, pero entendió la reflexión y dejó su enfado a un lado. La mujer le ayudó y Paralata le entregó objetos como un cesto para sus cosas, algo de comida y dos monedas de oro y la siguiente vez que encendió la linterna esta daba una gran luz en alta mar y acabó siendo conocido por el pirata que mejor llegaba a las islas por la noche.
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