El jardín de la escuela
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El jardín de la escuela

Edades:
A partir de 4 años
El jardín de la escuela Diego era un niño muy curioso que se pasaba el día inventando cosas con lo que tuviera a mano. Cuando algo se le resistía o se le presentaba algún problema, Diego no paraba hasta que lo solucionaba. No había nada que más le gustara a Diego que un buen reto.

Un día, en el cole, la maestra les contó a sus alumnos algo que quería hacer.

—¿Qué os parecería hacer un jardín comunitario en los terrenos que hay detrás de la escuela? —preguntó la maestra.

Todos los niños se pusieron muy contentos.

—El ayuntamiento nos deja hacerlo, siempre y cuando nos ocupamos nosotros —dijo la maestra—. ¿Os animáis?

—¡Síiiii! —gritaron los niños.

—Pero, profe, en esa zona hay unas piedras enormes —dijo Diego—. ¿Cómo las vamos a mover?

—Esa es la tarea que te ha tocado, Diego —dijo la maestra—. Ahora os diré a los demás qué os toca.

—Pero ¿cómo va a mover Diego solo esas piedras tan grandes? —preguntó Ana.

—Me alegro de que lo preguntes, Ana —dijo la maestra—. Tu tarea es ayudarle.

Diego y Ana se pusieron a trabajar.

—Está claro que empujones no podremos, Diego —dijo Ana—. Tendrás que inventar algo.

Esa noche, Diego y Ana no pararon de darle vueltas a la cabeza. No podían cargar con las piedras, así que ¿qué podrían hacer?

Al día siguiente, Diego y Ana fueron a la zona donde iban a hacer el jardín.

—Las piedras son muy grandes para cargarlas y para empujarlas —dijo Ana—. ¿Cómo harían en la antigüedad para mover piedras grandes, cuando no había grúas?

Diego miró a su alrededor. Desde donde estaba se veía la calle.

—Ana, mira la calle —dijo Diego—. Pasan coches, camiones, bicicletas, gente arrastrando cochecitos de bebé, niños en patinete… ¿Qué tienen en común?

—¡Las ruedas! —dijo Ana—. ¿Pretendes ponerles ruedas a las piedras?

—¡No! —dijo Diego—. Vamos a hacerlas rodar. Pediremos prestados unos troncos al aserradero y pondremos encima las piedras.

—¿Cómo? —preguntó Ana.

El jardín de la escuela—Uhmmm… —dijo Diego.

—¡Lo tengo! —dijo Ana—. Cavaremos un poco la tierra y…

—¡Haremos palanca para poder subir las piedras a los troncos! —terminó Diego.

Cuando en clase la idea que habían tenido para quitar las piedras, todos se alegraron mucho.

—Si lo hacemos entre todos, tardaremos muy poco —dijo la maestra.

Durante los siguientes días, el jardín comenzó a tomar forma. Los estudiantes trabajaron juntos, utilizando carritos y tablas para mover las piedras, plantar semillas y regar las plantas. En pocas semanas, el jardín de la escuela estaba floreciendo, y todos los niños se sentían orgullosos de lo que habían logrado.
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