El bombero Romero y los helados valientes
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El bombero Romero y los helados valientes

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A partir de 4 años
El bombero Romero y los helados valientes La ciudad de Villahelada era famosa por tener los helados más originales de toda la comarca. Solo había una heladería, pero ¡vaya heladería! Doña Eladia, la heladera, se pasaba el día allí, haciendo helados.

Allí, en Villahelada, vivía el Romero, el bombero. En realidad, Romero llevaba muchos años jubilado, pero nadie había olvidado su profesión. Su fama había tan lejos que su historia había salido en revistas internacionales.

Pero esa es otra historia. Esta trata de por qué Villahelada ganó su fama.

Incluso jubilado, el bombero Romero siempre estaba echando una mano a quien lo necesitara. Y si no lo necesitaba nadie, ya se ocupaba él de buscar cómo ayudar a la gente.

Por eso, un día se le ocurrió una idea. Y sin darle muchas vueltas fue a ver doña Eladia.

—Doña Eladia, estaba pensando que usted y yo podríamos poner en marcha un proyecto nuevo, para animar a la gente, ya sabe, que parece que con tanto interné y tanta pantallita se están olvidando de la gente de a pie.

—Pues usted dirá, don Romero, aunque no sé yo si podré, que esto de los helados dan mucho trabajo, y tengo una reputación que mantener.

—Estamos hablando en verso, doña Eladia

—Pura casualidad, don Romero.

—A lo que iba, amiga mía. Esto va de hacer helados, pero de otro tipo.

—Uy, uy, uy, esto se anima. Cuénteme.

—Estaba pensando yo que odría usted crear helados de sabores valientes. Para que la gente se parara a pensar un poco en los demás, sobre todo en las personas de carne y hueso.

—Suena bien. ¿En qué había pensado, don Romero?

—Imagine un helado de corazón bondadoso. ¿Qué le inspira?

—A ver, a ver… Ya sé. ¡Vainilla con trocitos de galleta de jengibre!

—¡Oh, qué rico! Y si le propongo un helado de abrazo entrañable, ¿a qué le sabe?

—Me sabe, me sabe a… ¡chocolate y menta!

—Y ¿qué tal un helado ayuda desinteresada?

El bombero Romero y los helados valientes—Uy, eso lo tengo clarísimo: frutas tropicales con trocitos de chocolate con leche.

—Y un helado de sonrisa infinita, ¿qué le parece?

—Eso es un helado de chocolate con nata y trocitos de fresa natural y melocotón en almíbar.

—Oh, doña Eladia, qué gran tarea tenemos por delante.

—Tengo una idea más. Ofreceré un sabor valiente diferente cada tarde a una hora concreta, y usted contará alguna de esas historias de bombero jubilado que tanto nos gusta a todos escuchar.

—Estaré encantado.

Y así, de esa manera tan dulce y tan fresquita, Villahelada alcanzó su gran fama.
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