Carlota y la pelota
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Carlota y la pelota

Edades:
A partir de 6 años
Carlota y la pelota Carlota estaba mirando el escaparate de una tienda de juguetes. En el escaparate había una preciosa pelota. La niña la contemplaba con ilusión.

—Mamá —dijo Carlota—. ¿Has visto esa pelota tan bonita?

—Sí, es preciosa —dijo mamá.

En ese momento la puerta de la tienda se abrió y salió Leo. Carlota y él iban juntos al colegio y eran buenos amigos.

El niño se puso muy contento al ver a Carlota. Y le dijo:

—¡Hola! ¿Qué estás mirando?

—Estoy mirando esa pelota verde tan bonita —dijo Carlota.

—¿Una pelota verde? —dijo Leo, sorprendido—. Acabo de estar en la tienda y no tienen ninguna pelota verde. Pero tienen una azul preciosa.

Sin esperar a que Carlota dijera nada, Leo entró en la tienda y, desde dentro, señalando la pelota del escaparate, dijo:

—Mira, ahí la tienes.

Carlota no entendía nada.

—Esa pelota es de color verde —dijo la niña.

—Que no, que es azul —insistió Leo.

—Está claro que uno de los dos no conoce bien los colores —dijo Carlota muy airada.

La mamá de Carlota intervino:

—Desde aquí yo también la veo de color verde, pero nunca se sabe.
—Mamá, la pelota es verde o es azul —dijo Carlota—. No hay más opciones.

—En eso estamos de acuerdo —dijo Leo.

La mamá de Carlota sonrió y les dijo a los niños:

—Tengo una idea. Carlota, entra en la tienda y ponte en el lugar donde está Leo. Leo, tú ven aquí conmigo. Y luego me contáis qué veis.

A regañadientes, los niños intercambiaron sus puestos, sin saber muy bien qué es lo que iban a conseguir con ello.

Cuando Leo llegó junto a la madre de Carlota, esta le preguntó:

—¿De qué color ves ahora la pelota, muchacho?

Leo se quedó sorprendido. Y abrió tanto los ojos que no le quedaron fuerzas para abrir la boca.

Mientras Leo seguía mirando la pelota, la madre de Carlota le dijo a su hija:

—Carlota, ¿de qué color ves tú la pelota ahora?

Carlota tampoco había mirado la pelota todavía, por la rabia que tenía. Pero ante la pregunta de su madre no tuvo más remedio que mirar. Cuando lo hizo se quedó boquiabierta. Ella tampoco podía creer lo que veía.

—¿Cómo es posible? —dijo la niña.

—¡No lo entiendo! —exclamó el muchacho.

La madre de Carlota cogió a Leo de la mano y lo llevó dentro de la tienda. Cuando estaban dentro, les dijo:

—Aquí la pelota se ve de color azul. ¿Estáis de acuerdo?

Los niños movieron la cabeza arriba y abajo, sin despegar la vista de la pelota.

—Ahora, vamos fuera —dijo la madre de Carlota. Cuando estaban fuera, les dijo:

—Desde aquí la pelota se ve de color verde. ¿Estáis de acuerdo también?

Los niños volvieron a mover la cabeza arriba y abajo, sin dejar de mirar la pelota.

Tras un rato mirando, los dos entraron corriendo en la tienda a mirar la pelota desde dentro, y luego volvieron a salir a verla desde fuera. Y se pasaron así un buen rato.

Minutos después, Carlota le preguntó a su madre:

—¿Por qué aquí fuera la pelota es de color verde y dentro es de color azul?

—Eso, ¿por qué? —añadió Leo.

La madre de Carlota los miró y, con una gran sonrisa, les dijo:

—No se trata de qué color es la pelota, sino de qué color se ve la pelota. Y eso depende de muchas cosas como, por ejemplo, de la luz que reciben los objetos. Dentro hay una luz muy potente y la pelota se ve de un color azul muy hermoso. Pero aquí fuera la luz es diferente y, si miráis bien, el cristal del escaparate tiene algo por dentro. Fijaos bien.

Los niños miraron el escaparate. Leo fue el primero en darse cuenta.

—El cristal tiene por dentro una especie de plástico transparente —dijo el niño.

—Efectivamente —dijo la mamá de Carlota—. Es un filtro de color amarillento para filtrar la luz del sol. Se pone para que los objetos que se exponen no pierdan el color.

Carlota y la pelotaY eso ¿qué significa? —preguntó Carlota.

—¿Qué ocurre cuando mezcla pintura de color azul con pintura de color amarillo? —dijo su madre.

—Que consigues color… ¡verde! —dijo Carlota, sonriendo de oreja a oreja.

Leo se contagió de la alegría de su amiga y dijo:

—Los dos teníamos razón, entonces.

Los dos niños se abrazaron, muy contentos por haber solucionado su pequeño conflicto.

—Creo que ya es hora de irse a casa —dijo la mamá de Carlota—. La próxima vez que no os pongáis de acuerdo deberías hacer lo mismo que habéis hecho hoy: poneros en el lugar del otro.

—Así veremos las cosas desde su punto de vista —dijo Leo.

—Eso es —dijo la mamá de Carlota.

Leo se quedó dentro de la tienda, donde le esperaba su padre, mientras Carlota y su madre siguieron su camino. Antes de llegar a casa pararon a hacer algunas compras. Carlota no dejaba de observar todo y, cuando se paraban, se movía todo lo que podía para mirar las cosas desde diferentes lugares, a ver si cambiaba el color o si había algún otro cambio.

—Esto de observar las cosas es genial, mamá —dijo la niña—. Estoy descubriendo cosas que ni imaginaba, y que siempre han estado ahí.

Su madre le respondió:

—Pues sigue fijándote, que todavía te quedan muchas cosas por descubrir.
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