Zigor y El Devoramundos
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Zigor y El Devoramundos

Edades:
A partir de 6 años
Valores:
Zigor y El Devoramundos Zigor miraba por la ventana de su cuarto. Desde su mesa de estudio había unas vistas especulares de las montañas. Al atardecer la puesta del sol pintaba un horizonte lleno de color y misterio. A Zigor le maravillaba ver cómo la puesta de sol cambiaba cada día. Siempre maravillosa, pero nunca igual.

-Zigor, ¿has terminado ya las tareas del cole? Casi es la hora de cenar.

Ese era el aviso de que se había embobado mirando por la ventana y que tenía que darse prisa en apurar los deberes. La mayoría de los días había acabado ya a la puesta de sol, pero no eran pocas las tardes en las que se quedaba embobado mirando y escuchando a los pájaros o buscando figuras en las nubes.

Un día que parecía ser como cualquier otro, Zigor recibió una visita especial. El niño vio que un pequeño vehículo aterrizaba en el alféizar de su ventana.

-¡Un dron! ¡Cómo mola! -gritó Zigor entusiasmado.

-¿Decías algo, hijo?

A Zigor no le dio tiempo a responder.

-¡Calla, calla! -dijo un pequeño ser que salía del vehículo.

-Pero… -Zigor alucinaba.

-Vengo a avisarte. Soy un extraterrestre. Voy a acabar con tu mundo esta misma noche.

-¡Jajaja! Eso sí que es bueno -dijo Zigor-. Es una broma del vecino del tercero, ¡a qué sí!

-Esto no es ninguna broma. Me llaman El Devoramundos. Voy por todo el Universo destrozando planetas enteros. Pero siempre tengo el detalle de salvar a un habitante y enviarlo a mi planeta. Allí viven ya cientos de personas, una por cada planeta que he arrasado.

-Ya, claro. Pero hay algo que no entiendo. ¿Cómo piensas mandarme a tu mundo? ¿No esperarás que me meta en esa lata de sardinas que tienes por nave espacial?

El tono sarcástico que utilizó Zigor no pasó desapercibido para el extraterrestre, que contestó muy ofendido:

-No te rías, chaval, que todavía te dejo aquí. Si te he elegido a ti es porque has sido el único humano que he encontrado disfrutando de la belleza de la naturaleza.

-Vale, perdona -dijo Zigor, intentado calmar a lo que parecía más un bicho parlante que un ser inteligente-. Dime, ¿cómo piensas mandarme a tu mundo?

-Te teletransportaré -dijo Zigor.

Zigor reprimió una carcajada. Intentando mantener la compostura, le dijo:

-Dime, amigo, ¿ninguno de los seres que has salvado ha intentado pararte nunca?

-No, al contrario, han estado muy agradecidos por ser elegidos -respondió el extraterrestre.

-Claro, es todo un honor -dijo Zigor.

Y continuó, en tono interesante:

-Y, dime, gran salvador, ¿cómo piensas destruir mi planeta? Es pura curiosidad, para saber de qué mal me libras.

-¡Oh, qué gran pregunta! Gracias por interesarte. Tras muchos años trabajando he diseñado una superbomba indetectable. Es como un terrón de azúcar. Se entierra en una zona cálida y va absorbiendo todo el calor. Cuanto más calor absorbe la bomba más grande se hace y más frío se vuelve el planeta. Cuando ya no quede calor por absorber la bomba explotará.

-Vaya, sí que es un ingenio impresionante -dijo Zigor-. ¿Me la enseñas?

-Por supuesto -dijo el extraterrestre, muy emocionado por poder hablar con alguien sobre su invento-. Pero ten cuidado. Si se deshace ya no servirá.

Zigor observó la bomba. Realmente era como un terrón de azúcar.

-Sujétala, que voy a hacerte una foto para llevármela de recuerdo.

Zigor y El DevoramundosEl extraterrestre posó todo orgulloso con su bomba mientras Zigor iba a por la cámara. Pero, además de la cámara, el niño también cogió un gran vaso lleno de agua.

-Mira hacia la derecha, que parece que es tu lado bueno -dijo Zigor.

En cuanto el extraterrestre volvió la cara, Zigor aprovechó para tirarle el contenido del vaso y encerrar al extraterrestre dentro del vaso.

-¡Te cacé! -exclamó Zigor-. No sé qué diantres serás ni qué habrás ido haciendo por ahí, pero no pienso arriesgarme.

Zigor cogió la nave espacial, la puso en el suelo y la destrozó a pisotones. Luego llevó al extraterrestre dentro del vaso hasta el cuarto de baño y le dijo, mientras le lanzaba al inodoro:

-Espero que sepas nadar.

-Sí que sé, pero no lo hagas. ¡Noooooo! ¡Desagradecido!

-¡Será engreído el bicho este! -dijo Zigor, mientras volvía a su cuarto.

Así fue como Zigor salvó a todo el planeta Tierra, convirtiéndose en un héroe anónimo, otro más entre los muchos que cada día hacen algo extraordinario para beneficio de todos los demás.
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