Valeria y su terrible día
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Valeria y su terrible día

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A partir de 8 años
Valeria y su terrible día Valeria salió apurada esa mañana. Se había quedado dormida y estaba llegando tarde a la oficina. Nada peor que tener que ver la cara de ogro de su jefe regañándola, así que corrió como si fuera la participante de un triatlón para alcanzar el autobús. Pero a metros de alcanzarlo, el chofer cerró las puertas y se marchó.

La mujer maldijo entre dientes, y espero el próximo autobús. Ya resignada a llegar tarde, Valeria se relajó en el asiento del autobús. Al llegar a su destino, la oficinista se bajó del vehículo y de inmediato sintió como la tira de su bolso se desprendía, dejando caer todas sus cosas en la calle. Valeria se agachó a recoger sus pertenencias, una vez más protestando por lo bajo.

Al llegar por fin a su oficina, Valeria no pudo creer que algo más en ese día tan fatídico pudiera pasarle, pero si pasó. El ascensor no funcionaba, así que la mujer tuvo que subir los 8 pisos por la escalera. A mitad de camino, se tropezó con un gerente de otro departamento.

—Lo que me faltaba, quedar como una tonta con este hombre— dijo Valeria en voz baja.

Para relajarse durante el almuerzo, Valeria se compró un emparedado y se sentó en un banco de la plaza vecina a comerlo. Cuando lo abrió, vio que el pan tenía moho. Ella no sabía si reír o llorar.

—Ay, dios mío, pero que día tan terrible —pensó Valeria.

—¿Qué pasa Valeria, un día difícil?— dijo un hombre de traje a cuadros y pipa que se acercó a la muchacha.

—Si, muy difícil. ¿Tú quien eres y cómo sabes mi nombre? ¡Lo que me faltaba, un loco!— dijo Valeria que ya a esa altura no le importaba nada.

—Soy Jackson, encargado del departamento de quejas celestial, y vengo a mostrarte algo.

—Departamento, ¿de qué cosa?

—Nos encargamos de tu mayor bien… No importa que entiendas mucho, solo mira esto.

Jackson sacó de su bolsillo una especie de vidrio de bordes irregulares, donde unas chispas de colores de a poco dejaban ver una escena.

—Mira, esta eres tu esta mañana perdiendo el autobús. Unas manzanas después, el vehículo participo de un accidente de tránsito, muchas personas se lastimaron.

—Entonces me salvé de eso— dijo Valeria con una expresión de sorpresa.

—Así es, y hay más, mira— mientras Jackson decía eso, en el vidrio se comenzaba a ver la escena de Valeria y su bolso rompiéndose. En cuanto la mujer se detuvo a recoger sus cosas, una motocicleta pasó a toda velocidad, ella ni la vio.

—¡Bueno, ahí me salvé de otra más! Increíble— exclamó Valeria.

—Y mira esto, aquí no funciona el ascenso, y tú subes por la escalera… No, esta mejor no te la muestro.

—Pero ahora quiero saber— dijo Valeria, intrigada.

—Yo solo vine aquí para que entiendas que todo pasa por algo, la próxima vez que te suceda algo que parezca desfavorable, ten en cuenta que puede estar evitáValeria y su terrible díandote algo peor o conduciéndote a una oportunidad.

Tras decir esas palabras, Jackson le guiñó un ojo a Valeria, y se retiró perdiéndose de la vista de la mujer rápidamente. Valeria no podía creer lo que había sucedido, pero su horario de almuerzo ya se terminaba, así que volvió a su oficina pensando en lo que había experimentado.

Un rato después, estando en su escritorio, el teléfono de Valeria sonó.

—Dígame— respondió la muchacha en un tono formal.

—¿Qué tal Valeria? Soy la secretaria del señor Gutiérrez. Sabes, en el departamento a su cargo quedó libre un puesto gerencial. Estaban buscando candidatos para cubrirlo, y como hoy el señor Gutiérrez te chocó en la escalera, se acordó de ti y tu buen desempeño y pensó que podría interesarte, te parece tener una entrevista con él?

—Claro que sí— respondió Valeria sonriendo y al mismo tiempo recordando las palabras de su peculiar compañero de almuerzo.
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