Vacaciones en el lago
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Vacaciones en el lago

Vacaciones en el lago Había una vez un lugar muy bonito y tranquilo, con un lago que sabía muchos secretos. Allí cerca llegó Diego con su familia para pasar el verano.

Desde el primer día, el abuelo, un hombre de pelo muy blanco, le dijo a Diego que le enseñaría a pescar. Mientras preparaban las cañas de pescar, el abuelo habló:

—La pesca es más que tirar la caña al agua, Diego. Es aprender a esperar y entender lo que el agua nos dice.

Cada mañana, Diego y su abuelo iban al muelle. El abuelo le enseñaba a Diego cómo poner la comida en el anzuelo y cómo entender el movimiento del agua. Pero Diego tenía que aprender a estar quieto y a esperar.

Un día, el viento soplaba fuerte y las olas se movían mucho. Diego intentaba remar, pero le costaba mucho y se sentía triste.

El abuelo sonrió y le dijo:

—Cada ola nos enseña algo, Diego. Rema con ella, no contra ella.

Con el tiempo, Diego aprendió a ser paciente. Ya no lanzaba la caña de pescar con prisa. Ahora sabía que todo necesita su tiempo.

Un día muy lluvioso, un pez pequeño quedó atrapado entre unas rocas. Diego recordó lo que su abuelo le había dicho sobre cuidar de todos los seres vivos. Así que, aunque llovía mucho, Diego ayudó al pez. Lo cogió suavemente y lo liberó en el agua.

En ese momento, Diego entendió qué significa ser paciente: actuar con valor y cuidado cuando es necesario.

AVacaciones en el lagol final del verano, Diego había aprendido mucho en el lago. No solo a pescar, sino a entender cosas grandes y profundas. Había aprendido a mirar las nubes en el agua y a escuchar el silencio que la naturaleza ofrece.

Cuando llegó la hora de irse, Diego miró el lago una vez más. Sabía que aunque los veranos pasen y el agua cambie, lo que aprendió en el lago siempre estaría con él.

Porque en cada espera paciente y en cada momento de silencio, había encontrado una parte de él que estaba lista para crecer.
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