Un verano sin juguetes
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Un verano sin juguetes

Edades:
A partir de 4 años
Un verano sin juguetes Alberto tenía la habitación empapelada de todo tipo de catálogos de juguetes, videojuegos, móviles y ordenadores. Una vez a la semana le pedía una recompensa a su madre por cualquier cosa que él considerara buena conducta: aprobar un examen, poner la mesa, limpiar su habitación, hacer su cama o volver a la hora del parque. Era algo que llevaba haciendo desde los 8 años y que ahora tenía diez se había convertido un poco en una rutina. En el fondo tenía tantas cosas que ya no sabía qué regalos pedir y por eso siempre acumulaba catálogos. Para saber qué elegir.

Sus padres que pensaban que era bueno para Alberto el motivarlo con muchas cosas pero ya no sabían cómo sorprenderlo. Le envolvían los videojuegos con papel brillante, le hacían bizcochos de fresa para merendar los viernes mientras abría su recompensa, pero veían que nada hacía que Alberto estuviera feliz.

Cuando llegó el verano su tía Ana decidió que podía ser buena idea que Alberto la acompañara unos días a su casa de la playa. Los padres de Alberto accedieron y al niño le pareció bien pero tenía dudas de cómo se sentiría en un lugar donde no tuviera todas sus cosas.

- ¿Y cÓmo voy a pasármelo bien tía Ana si apenas llevo una cuarta parte de mis cosas?
- Descubrirás cosas nuevas que te gusten. Ya verás que bien te lo vas a pasar conmigo.
- ¿Y cómo voy a escoger lo que me gusta si no lo puedo ver antes en ningún catálogo?
- Créeme, no necesitas ningún catálogo.

Un verano sin juguetes Alberto miró a su tía extrañado. Si no hay nada mejor en el mundo que escoger y poder tenerlo inmediatamente. ¿Qué sorpresa sería nueva para él?

Al pasar los cinco días Alberto que volvió a la ciudad en el coche con su tía le dijo:
- Tía, muchas gracias por todo. He disfrutado mucho con los helados que nos tomamos en la playa, me lo he pasado genial jugando con nuevos amigos que he conocido sin apuntarme a ningún deporte y cada día hemos hecho cosas diferentes en la playa: un día la cometa, otro día un cuento, otro día escribir nuestros nombres con conchas…. Gracias por haberme hecho tan feliz este verano.

Su tía Ana le contestó:
- Me alegro Alberto de que hayas conocido las cosas de la vida que no se pueden comprar.
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