Tú por allí y yo por aquí
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Tú por allí y yo por aquí

Edades:
A partir de 4 años
Tú por allí y yo por aquí Pepito y Manolito estaban jugando en un claro del bosque, como todos los días. Pepito y Manolito eran gemelos, pero solo se parecían en la cara. Pepito era comprensivo y pensaba siempre en lo que hacía. Pero Manolito era impulsivo y testarudo. Y nunca escuchaba a nadie.

Como todos los días, Pepito proponía un juego, Manolito protestaba diciendo que quería jugar a otra cosa y Pepito terminaba cediendo con tal de no reñir con su hermano. Pero Pepito pronto descubrió que lo que a su hermano le gustaba era llevar la contraria, así que proponía un juego al que no quería jugar para que su hermano lo cambiara por otro.

Un día hubo un incendio en el bosque. Cuando los niños se dieron cuenta el fuego casi les rodeaba por completo.

Manolito estaba muy nervioso y no sabía qué hacer. Pepito vio una zona por la que todavía no había fuego y quiso llevar a su hermano hacia ella.

-Mira, por allí podemos salir -dijo Pepito. Y, como cabía esperar, Manolito le llevó hacia el lado contrario. Pero por allí no se podía pasar. Pepito enseguida se dio cuenta y le dijo:

-Pues por ahí te estaba diciendo que había que ir, que por el otro lado salimos a un camino que no conocemos -dijo Pepito-. Aunque por ahí se ven llamas no pasa nada, seguro que no nos cogen.

-¡Qué dices, Pepito! -exclamó Manolito-. ¿Estás tonto o qué te pasa? ¿No ves que sí nos van a coger las llamas? Vamos por el otro lado, aunque no sepamos a dónde lleva el camino.

Y así Pepito consiguió que su hermano se convenciera de que el camino más seguro era el que él proponía.

Los hermanos caminaron y caminaron y, una vez lejos del fuego los dos hermanos, se refugiaron en una cueva. Allí pasaron la noche.

A la mañana siguiente, cuando se disponían a emprender el camino de vuelta a casa, Manolito insistía en ir hacia un lado y Pepito hacia otro. Pepito estaba seguro de que el camino correcto era el que él decía, pero estaba demasiado cansado y hambriento para idear un plan para que su hermano cambiara de opinión. Y como no tenía ganas de discutir le dijo:

Tú por allí y yo por aquí-Mira, Manolito, tú vete por allí y yo me voy por aquí. Al final veremos quién tiene razón.

Manolito no quería irse solo, pero era tan testarudo que no se tragó el miedo y se fue por su camino.

Al cabo de tres horas Pepito llegó a casa. Su madre salió a buscarlo, muy preocupada.

-Hijo, hay varias patrullas buscándolos. ¿Dónde está tu hermano?

-Se empeñó en ir por otro lado. Así que lo he dejado solo, a ver si aprende.

Cinco horas después llegó Manolito. Estaba sucio, con la ropa rota, hambriento, sediento y muy cansado.

-Tenías razón, Pepito -dijo Manolito-. Siempre la tienes. Prometo no ser tan cabezota la próxima vez.
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