Tatizo, el gusano boxeador
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Tatizo, el gusano boxeador

Edades:
A partir de 6 años
Tatizo, el gusano boxeador Tatizo era un gusano que quería ser boxeador. Con sus pequeños guantes de boxeo, se paseaba por todas parte dando puñetazos a todo lo que se le ponía por delante.

—Mirad, qué fuerte soy —decía Tatizo a todas horas.

El problema es que no había gusano boxeadores, por lo que Tatizo no encontraba ningún bicho de su tamaño con el que poder boxear. Pero a él parecía no importarle ese detalle.

—Yo me pego con el que haga falta —decía Tatizo.

Un día llegó la noticia de que se iba a celebrar un combate de boxeo muy cerca del jardín donde vivía Tatizo.

—¡Quiero participar! ¡Quiero participar! —dijo Tatizo al enterarse.

—Pero seguro que compiten bichos mucho más grandes que tú, que no eres más que un gusano —le decían sus amigos.

—Yo puedo con lo que se me ponga por delante —dijo Tatizo.

No hubo manera de que entrara en razón.

—Dejadlo que vaya —dijo el gusano más anciano del lugar—. A ver si así se da cuenta de una vez de lo que hay.

A pesar de que muchos siguieron intentando disuadir la Tatizo de que fuera al combate, el gusano boxeador no hizo caso.

Pero ningún gusano lo siguió. Al parecer, el único que no se había dado cuenta de lo peligroso que es para un gusano salir de su entorno era Tatizo.

A duras penas, y esquivando más de una pata que iba a aplastarle, Tatizo llegó al combate. Como era tan pequeño y escurridizo consiguió llegar hasta el árbitro y decirle que quería participar.

El árbitro, una ardilla con muy malas pulgas, no pudo evitar reírse del pequeño gusano.

—Te aplastarán y dejarás una sucia mancha en el rin —dijo la ardilla.

—No podrán conmigo —dijo Tatizo.

Como quieras —dijo la ardilla.

Y así fue como Tatizo pudo cumplir su sueño de ser boxeador. Pero le duró poco, porque su contrincante era un gato dispuesto a cualquier cosa por ganar.

Tatizo se levantó sobre la parte trasera de su cuerpo y empezó a dar golpes al aire, esperando que el gato se acercara un poco más.

Pero el gato le rodeó rápidamente para aplastarlo con una de sus patas.

—Oh, no! —exclamó Tatizo—. Es mi final. Y ni siquiera le he tocado.

Y justo cuando la pata del gato iba a aplastar al gusano boxeador apareció un perro, que golpeó al gato con la cabeza, sacándolo del rin.

Tatizo, el gusano boxeador—Rápido, sube a mi pata —dijo el perro.

El gusano boxeador se subió a la pata del perro y este salió corriendo de allí.

Cuando llegaron al jardín, el perro le dijo al gusano:

—Espero que se te haya pasado ya la tontería de salir del jardín. Si quieres boxear, boxea, pero con bichos de tu tamaño.

Para ayudarlo, los demás gusanos le pidieron a Tatizo que los enseñara a boxear. Y, aunque nunca fueron tan buenos boxeando con él, Tatizo encontró una manera de darle rienda suelta a sus deseos sin ponerse en peligro y sin disgustar a sus amigos y compañeros.

Mientras tanto, el perro vigilaba de cerca, pues era el ser más grande y poderoso del jardín y, de algún modo, se sentía responsable de todos los que allí vivían.
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