Rodri y los videojuegos
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Rodri y los videojuegos

Edades:
A partir de 6 años
Rodri y los videojuegos A Rodri le habían regalado una consola de videojuegos. Ese regalo había sido añorado por el niño por mucho tiempo, por ello desde que lo había recibido no había parado de usarlo ni un solo día. De tanto uso, uno de los joysticks se dañó, y tocó llevarlo al reparar. Rodri fue a la tienda a la que siempre acudía a comprar juegos, y allí lo atendió el hombre que habitualmente lo hacía.

—Hola, Rodri, ¿vienes por otro juego?

—No, señor, está vez no; se malogró mi joystick y necesito repararlo —respondió el muchacho.

—Muy bien, déjamelo y en unos diez días estará listo.

—¿Diez días? —preguntó el niño, asustado de quedarse sin su hobby tantos días.

—Sí —respondió el hombre—. No los arreglo aquí, se los envío al técnico y luego él me los devuelve reparados. Diez días es lo que suele demorar ese proceso.

El niño parecía frustrado, pero no tenía alternativa, así que entregó el joystick al hombre de la tienda.

—Pero no te preocupes, Rodri, puedo prestarte uno mientras reparan el tuyo.

—¿De veras? Eso sería genial.

—Aguárdame un momento —dijo el hombre mientras ingresaba por una puerta cubierta solo con una cortina de tiras que estaba detrás del mostrador.

El hombre volvió con un joystick muy raro. El dispositivo era bastante aparatoso, en parte parecía anticuado, pero a la vez parecía sacado de una película de extraterrestres.

—Puedes usar este Rodri, este es mi joystick especial —dijo el hombre con una expresión de complicidad.

Rodri veía poco usual ese mando; tampoco entendía a qué se debía el comentario del hombre, pero no quería quedarse diez días sin jugar, así que aceptó el joystick prestado y se retiró de la tienda.

No fue hasta el día siguiente que Rodri decidió jugar con su consola, y le tocó conectar el joystick prestado. Nada más conectarlo, unas chispas azules rodearon al aparato. Eso llamó mucho la atención del niño. Cuando el juego comenzó, Rodri sintió una especie de sacudida, y lo siguiente que notó es que estaba realmente dentro de un avión de guerra, pilotándolo.

No podía creer lo que sucedía. Algo asustado, pero a la vez entusiasmado comenzó a dirigir el avión, como tantas otras veces había hecho en el juego. Al acabarse el juego, sintió la misma sacudida del principio, y volvió a encontrarse en su sofá con el joystick en su mano. Con el corazón latiendo a toda velocidad, Rodri decidió volver a probar la experiencia. Esta vez colocó en la consola un juego de superhéroes. Ansioso esperó que comenzara el juego, y como esperaba, llegó la sacudida. Ahora Rodri estaba sobrevolando una ciudad con una gran capa flameando en su espalda, sus brazos eran sumamente musculosos y podía derribar a cuánto enemigo se le cruzará.

RRodri y los videojuegosodri terminó el juego del mismo modo que la vez anterior. Estaba incrédulo con lo que sucedía, pero ahora entendía la expresión del hombre cuando le prestó el joystick. Los siguientes días Rodri siguió viviendo grandes aventuras, un día era un gran futbolista, otro piloto de Fórmula 1, al día siguiente un fuerte luchador y hasta un gran bailarín.

El décimo día finalmente llegó y Rodri fue a buscar su joystick y devolver el que le había sido prestado La cara del niño al entrar a la tienda lo decía todo, casi no podía pronunciar una palabra.

—Hola, Rodri, aquí está tu joystick; ha quedado como nuevo —dijo el señor de la tienda.

—Y aquí está de nuevo el suyo…el especial —dijo el chico con una tímida sonrisa.

El hombre tomó el joystick y le echó al niño una mirada de complicidad. Ninguno de los dos dijo nada al respecto, pero ambos sabían lo que había sucedido. Lo primero que hizo Rodri cuando regresó a casa, fue probar el joystick reparado. En cuanto encendió la consola, vio que su joystick ya funcionaba…y que unas chispas azules aparecieron alrededor de él.
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