Robotillo, el robot listillo
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Robotillo, el robot listillo

Edades:
A partir de 6 años
Robotillo, el robot listillo Había una vez un inventor al que se le ocurrió una idea muy curiosa: construir un robot que, en vez de ayudar, se aprovechara de los demás.

El inventor pensó que sería una buena forma de estudiar el comportamiento de toda esa gente que va por la vida sin dar un palo al agua, aprovechándose del trabajo de los demás.

Y así nació Robotillo, el robot listillo. El inventor lo presentó como un robot inteligente capaz de conseguir lo que se propusiera. Lo que no dijo a nadie es que lo iba a hacer a costa del trabajo y el esfuerzo de los demás.

Pero el inventor solo construyó un robot de este tipo. Cuando lo sacó a subasta, el ganador pagó una cantidad increíble de dinero por él.

El dueño de Robotillo estaba encantado. Con él iba a poder ahorrarse un montón de trabajo.

-Robotillo, vete a hacer la compra -le dijo nada más entrar en casa.

Pero Robotillo se hizo el remolón y le dijo que estaba muy cansado del viaje.

-Pobrecito, tienes razón -le dijo el dueño-. Iré yo, no te preocupes.

Cuando el dueño volvió de hacer la compra se encontró a Robotillo jugando a un videojuego.

-¿Estás mejor? -le preguntó.

Robotillo le dijo que esta aprovechando para actualizar su programación a los gustos actuales, porque su creador no tenía ni idea de videojuegos.

El dueño pensó que era un buen motivo para pasarse horas delante de la videoconsola.

Al día siguiente, el dueño le pidió a Robotillo que limpiara la casa. Pero Robotillo le dijo que necesitaba comprar unos productos especiales para ello, apropiados a su programación y a su forma.

El dueño le dijo que fuera a buscarlos. Pero Robotillo le dijo que no podía ser, porque este tipo de productos no se los venden a los robots. Así que al dueño no le quedó otra que salir a buscar lo que Robotillo le pedía. ¡Tardó todo el día en comprar lo que le había dicho el robot!

-Ya estoy aquí, así que puedes empezar a limpiar -le dijo el dueño.

Pero Robotillo le dijo que era la hora de su recarga, que duraba varias horas durante las que tenía que esta en completo reposo para quedar bien cargado.

Y así, día tras día, Robotillo consiguió no hacer absolutamente nada mientras vivía a cuerpo de rey.

Un día, su dueño le dijo:

-Te voy a devolver. Estoy harto. Desde que estás aquí solo me das trabajo. Sin duda, eres un auténtico listillo.

-No, por favor, no me devuelvas -dijo el robot-. Si lo haces me reciclarán en chatarra.

-Robotillo, el robot listillo¿Tienes alguna idea para evitar eso? -dijo el dueño-. Seguro que sí.

-Me reprogramaré -dijo Robotillo-. He descubierto que puedo hacerlo. Solo tengo que cambiar la función de “vago - golfo - gorrón” a “trabajador - colaborador - ayudante”.

-Y ¿por qué no lo has hecho antes? -preguntó el dueño.

-¿Para qué? -respondió Robotillo-. Si así me iba perfectamente. Solo ahora que has amenazado con deshacerte de mí he encontrado un motivo para cambiar.

El dueño le contó al inventor lo ocurrido.

-¿Quisiste engañarme? -le preguntó el dueño de Robotillo.

-Solo quería hacer un experimento -dijo el inventor-. ¿Te das cuenta de lo que ha pasado? Robotillo no estaba programado para cambiar por sí mismo, pero encontró la forma de hacerlo cuando le amenazaste. Si esto lo ha conseguido un robot, ¿no podrían hacerlo
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