Pompón, el conejito tragón
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Pompón, el conejito tragón

Edades:
A partir de 4 años
Pompón, el conejito tragón Había una vez un conejito a muy pequeñito, tan pequeñito que cabía en la palma de la mano. Cuando se acurrucaba parecía una bolita de pelusa blanca. Parecía un pompón. Por eso le llamaron así: Pompón.

Pompón era muy juguetón y estaba todo el día investigando, metiendo el hocico por todas partes. También le gustaba mucho morder las cosas. Pero, sobre todo, lo que más le gustaba a Pompón era comer.

Su mamá le decía:

—Ten cuidado con lo que comes. Algunas hierbas y algunas flores no son buenas para ti.

Pero Pompón no hacía caso y se comía todo lo que encontraba.

Un día, Pompón encontró algo curioso junto a un árbol. Era verde, pero tenía una forma extraña. Pompón lo mordisqueó, a ver qué era aquello.

—Esto no sabe a hierba —dijo Pompón. Y siguió mordisqueando.

—Sabe muy mal —pensó Pompón, después de unos cuantos mordiscos.

Al rato, Pompón se marchó a casa, a echarse una siestecita.

—Mamá, me duele la barriga —se quejó Pompón.

—¿Has comido algo nuevo en el bosque? —preguntó mamá.

—No —mintió Pompón para evitar la regañina.

Los días pasaron, y Pompón seguía con dolor de barriga. No quería comer y le costaba beber.

Entonces llegó Lazitos, el tío de Pompón, y dijo muy preocupado:

—Hay muchos conejitos malitos. Todos dicen que han comido algo raro que había en el bosque. Les estamos preparando unas hierbas para que se pongan bien.

Al día siguiente, todos los conejitos estaban recuperados. Todos, menos Pompón, que como no había dicho que él también había comido algo raro en el bosque, no le dieron las hierbas.

PPompón, el conejito tragónero Pompón se cansó de estar malito, y confesó que él también había comido una cosa rara en el bosque:

—Tenías que haberlo dicho antes, Pompón —le dijo su mamá, mientras le preparaba las hierbas—. Podríamos haberte curado antes y habrías evitado que los demás conejitos enfermaran.

—Lo siento, mamá, tienes razón —se disculpó Pompón.

A partir de entonces, Pompón no volvió a mentir cuando comía algo raro o cuando se metía donde no debía. Porque malo es haber las cosas mal, pero peor todavía es no reconocerlo y que no te puedan ayudar.
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