Malote, el duende embaucador
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Malote, el duende embaucador

Edades:
A partir de 4 años
Malote, el duende embaucador Muy cerca de la Ciudad de las Hadas vivía Malote, el duende embaucador. Malote vivía en una cueva oscura y húmeda, a la que las hadas no se acercaban nunca. Todas las sabían que Malote era peligroso, así que se mantenían siempre muy lejos de él. Y, si se lo encontraban, huían y daban la voz de alarma.

En la Ciudad de las Hadas había un dicho: “Cuanto más lejos esté Malote el embaucador, mejor”.

La pequeña hada Lucibella se sabía el dicho de memoria, y lo repetía sin parar. Pero no entendía lo que decía, porque no sabía que significaba la palabra “embaucador”.

Lucibella se lo había preguntado a muchas hadas mayores, pero ninguna se lo había explicado. Simplemente, se habían limitado a decirle que se mantuviera alejada del duende.

Pero Lucibella no estaba a gusto con la respuesta. Así que decidió conocer por sí misma qué significaba ser un embaucador.

Para averiguarlo no se le ocurrió otra cosa que ir sola al bosque y acercarse hasta la cueva donde vivía Malote, el duende embaucador.

En cuanto Malote vio a la pequeña Hada empezó a frotarse las manos. Hacía mucho tiempo que no tenía a ninguna hada tan cerca, y tenía muchas ganas de encontrar alguna.

Con mucho cuidado, Malote se acercó hasta la pequeña hada y le dijo:

-- ¡Oh, pobre hadita! ¿Estás solita? No deberías ir sin compañía por esta zona. Dicen que hay un duende del que las hadas debéis huir. Perro no te preocupes, que yo te protejo. ¿Cómo te llamas?

—Me llamo Lucibella —dijo el hada.

—No tengas miedo, que yo no te voy a hacer daño —dijo el duende—. Tengo aquí unos dulces. Están muy ricos. Si quieres, puedo compartirlos contigo y merendamos juntos.

A Lucibella le encantaban los dulces y, sin pensárselo dos veces, aceptó.

Mientras comían, el duende dijo:

—Estás lejos de casa. ¿A qué has venido tú sola al bosque?

—Quería ver a Malote, el duende embaucador.

—¿Lo has encontrado? —preguntó el duende.

—No —dijo Lucibella—. La verdad es que ni siquiera sé cómo es ni qué pinta tiene. Bueno, en realidad, ni siquiera sé cómo es un duende, porque nunca he visto ninguno.

—Vaya, vaya, pues eso sí que es un problema —dijo el duende—. En mi casa tengo fotos de duendes, incluso una de Malote. Te invitaría a venir, pero solo dejo entrar a mis amigos de confianza.

—¡Pero si ya somos amigos! —exclamó Lucibella.

—¿De verdad? —dijo el duende?—. Entonces puedes venir a mi casa cuando quieras.

—¿Podemos ir ahora? —preguntó Lucibella.

—¡Por supuesto! —dijo el duende.

Ya iban de camino cuando apareció la mamá de Lucibella junto con muchas hadas más, todas ellas armadas con palos y mazas.

—¡Lucibella! ¿Qué haces? —dijo su mamá.

Malote, el duende embaucadorEste no es Malote, sino un nuevo amigo que tengo —dijo Lucibella—. Me va a enseñar fotografías de Malote parea que pueda reconocerlo.

—¡Ese es Malote, el duende embaucador! —gritó la mamá de Lucibella—. ¡Te ha engañado para que vayas con él!

Lucibella salió corriendo y se fue con su mamá, mientras el resto de las hadas permanecía en guardia para defender a la niña, si hiciera falta.

—Lo siento, mamá —dijo Lucibella—. Es que quería saber lo que era un embaucador.

—Un embaucador es alguien que te atrae amablemente con regalos y promesas para engañarte y conseguir algo de ti -dijo la mamá de Lucibella—. Malote embauca a las hadas para llevarlas a su cueva y allí las encierra en jaulas y se las vende a los ogros.

Esa fue la última vez Lucibella puso en duda los consejos de las hadas mayores. Y también la última que las hadas mayores dejaron sin respuesta las muchas preguntas que Lucibella y las otras hadas niñas hacían, por complicadas que parecieran.
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