Luis y las lagartijas
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Luis y las lagartijas

Edades:
A partir de 6 años
Luis y las lagartijas A Luis siempre le había llamado la atención una rendija que había cerca de la ventana del salón. Siempre que podía trataba de mirar por ella intentando adivinar qué seres podían vivir dentro. Se los imaginaba pequeños y escurridizos para poder entrar por ese hueco tan pequeño.

Todas las noches, si prestaba mucha atención, escuchaba un tímido ruido. Por eso, tras darle muchas vueltas, un día se decidió a poner unas migas de pan. Como no funcionó, colocó unos trozos de fruta troceada. Viendo que eso tampoco era lo que le permitiría descubrir a los habitantes de la rendija, optó por poner unos granos de arroz.Luis se puso muy contento porque vio que eso sí funcionaba.

Pronto empezó a salir un grupo de lagartijas llevando los granos de arroz en la boca. Cuando salieron todas, Luis quiso mirar más a fondo a través de la rendija. Quería saber dónde vivían. Con una linterna se acercó hasta el misterioso hueco y miró en su interior. Encontró todo un mundo de pasillos, toboganes, montañas de granos de arroz y lagartijas de todos los colores y tamaños.

Justo al lado de la rendija había una pequeña caja con un grano de arroz diferente a los demás. Era más grande y de color dorado. En la caja había un papel enrollado que Luis no tardó en leer. En letras grandes y brillantes ponía: “cómeme para conocer de cerca el mundo de las lagartijas”.

El niño no se lo pensó dos veces y se metió el grano de arroz en la boca. Pronto sintió como su cuerpo disminuía de tamaño. Cuando ya fue lo bastante pequeño como para entrar por la rendija, eso fue lo que hizo. Colarse y adentrarse en un mundo desconocido y familiar a la vez. Familiar porque cada noche escuchaba desde su cama el ruido que hacían las lagartijas.

Luis pronto se dio cuenta de que la vida de lagartija no era tan cómoda como había pensado. No sólo se trataba de estar tirado al sol, sino que había que salir a buscar comida y evitar a otros animales grandes que les miraban con ojos hambrientos.

ELuis y las lagartijasso sí, lo que le gustó mucho es que todos se ayudaban entre sí. Si a unos les faltaba comida, otros se la daban amablemente. También se avisaban entre ellos si había algún peligro. En resumen, trabajaban en equipo y siempre estaban pendientes de lo que pudiesen necesitar los demás.

Pasadas dos semanas, Luis empezó a notar como su cuerpo aumentaba de nuevo de tamaño. Entendió que los efectos del grano dorado de arroz estaban terminando y volvió a salir por la rendija. Les contó su aventura a sus padres y a su hermana pero no le creyeron. Le dijeron que en realidad todo ese tiempo había estado en la cama con mucha fiebre. Luis nunca estuvo seguro de lo que había pasado en realidad, pero recordó esa aventura con mucho cariño para siempre.
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