Los árboles que daban piedras
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Los árboles que daban piedras

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Los árboles que daban piedras Había una vez un lugar mágico en el que los árboles, en vez de fruta, daban piedras. Pero no siempre fue así. En sus orígenes, en este lugar crecían unos árboles frutales de los que se podía coger la mejor fruta del mundo. Pero un hechizo lanzado por un brujo malvado hizo que en los árboles solo brotaran piedras.

Los habitantes del lugar tuvieron que irse de sus casas, porque las piedras lo ocupaban todo. Los jardines, los estanques, los ríos, los huertos, las granjas y hasta los parques estaban llenos de piedras.

Al final, este lugar quedó oculto bajo una enorme montaña de piedras. Y pronto empezó a nacer la leyenda. La gente decía que aquel que fuera capaz de rescatar una sola pieza de fruta de debajo del montón de piedras heredaría todo el lugar y se convertiría en su legítimo rey.

Muchos fueron los que intentaron rescatar algo de fruta de allí, pero no sirvió de nada. Y como la gente que intentaba rescatar la fruta perdida movía las piedras para llegar dentro, el montón de piedras se esparcía cada vez más, y la montaña se hacía cada vez más ancha.

Todos los seres mágicos del mundo, alarmados ante aquella invasión pedregosa, se reunieron para intentar buscar una solución.

El más anciano de los seres mágicos, un hechicero, fue el primero en hablar:
- Debemos parar esto. ¿Quién tiene alguna idea?

Una bruja, tan fea como vieja, pero también muy sabia, contestó:
- Primero debemos saber lo que ha pasado en realidad. Yo soy vieja, pero la maldición es más vieja que yo. Cuando lo descubramos, podremos lanzar un contrahechizo.

Un dragón surgió entre la muchedumbre, y dijo:
- Hace siglos que esas piedras se acumulan, y nadie ha hecho nada. Y solo cuando una recompensa está en juego, la gente se preocupa por quitar piedras.
Y cuantas más piedras quitan, más se expande la desgracia. Algún día el mundo entero se convertirá en un pedregal.
- ¡Eso es! - dijo el anciano hechicero-. Se trata de un conjuro contra la avaricia.
- Solo sabemos que, bajo las piedras, los árboles daban antes la fruta más deliciosa del mundo -dijo un hada.
- Y que un brujo lanzó un hechizo para que los árboles dieran piedras -dijo un elfo.

El anciano hechicero intervino:
- Siempre pensamos que había sido un brujo envidioso quien había hecho el mal. Pero, tal vez fue un castigo para sus habitantes.

Entonces la bruja recordó algo, y dijo:
- De niña oí que los habitantes de aquel lugar guardaban la fruta para ellos, y preferían dejar que se pudriera antes de compartirla con la gente de otros pueblos vecinos.

ELos árboles que daban piedrasn ese momento, entró un viejo brujo que más parecía un espectro que un ser humano.

- Efectivamente. Muchos pueblos pasaron hambre mientras ellos tiraban la comida -dijo el brujo-. Yo, como dirigente supremo, los castigué. Les dí la oportunidad de ser generosos, pero se negaron a compartir lo que les sobraba.
- ¿Y qué podemos hacer para arreglarlo? -preguntó el anciano hechicero.
- Buscad la manera de quitar las piedras sin invadir el territorio de los demás y los árboles volverán a dar fruto -dijo el brujo, justo antes de desaparecer.

Nadie dijo nada. Era una misión difícil. Entonces, un duende tuvo una idea.
- Ya sé. Construyamos casas con las piedras.

Todos aplaudieron la idea y así fue como el mundo recuperó aquellos maravillosos árboles y se creó la ciudad de piedra más bonita del mundo, en la que todos trabajaban por el bien común y donde jamás a nadie le faltó de nada.
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