Lentes para Simón
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Lentes para Simón

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A partir de 4 años
Lentes para Simón Simón era el típico terco. El hombre no aceptaba otro punto de vista que no fuera el suyo, creía que todo lo que él decía era de esa manera y no de otra. Simón era un tipo muy testarudo y cuando se le metía algo en la cabeza no había quién se lo quitará o lograra hacerlo cambiar de opinión.

No pasaba un día entero sin que Simón criticar a lo que hacían las demás personas. Simón no podía entender que las otras personas fueran diferentes a él y que hicieran las cosas de otra manera, ni que pensaran diferente.

Una tarde Simón estaba bebiéndose una taza de café, y leyendo el periódico en su cafetería favorita. Mientras, veía como una señora de la otra mesa tomaba su café sin leche y con nada de azúcar, el hombre pensaba y balbuceaba en voz alta.

—¡Pero qué mujer más tonta! ¿No sabe que el café se toma con tres cucharadas de azúcar y media copita de leche?

Luego Simón vio entrar a un hombre con un sobretodo, y nuevamente balbuceo.

—¿Pero qué tienen la cabeza ese hombre? Los sobretodos se usan solo los días de lluvia y hoy hay sol, debe estar loco.

Unos minutos después, un extraño hombre de cabellos revueltos y traje claro se acercó a la mesa donde Simón estaba sentado y preguntó.

—¿Puedo sentarme aquí con usted? Veo que está solo.

Antes de que Simón tuviera tiempo decirle “no”, el hombre se sentó en la silla que estaba vacía frente a él.

—Esto es para usted, lo necesita.

Dijo el extraño hombre mientras le acercaba unos lentes a Simón.

—¿Qué es esto?— preguntó intrigado Simón.

—Úselo y lo entenderá, nos vemos luego— dijo el hombre mientras se levantaba de la silla y se retiraba.

Simón era muy testarudo, pero también era muy curioso, así que aunque no conocía al hombre y le parecía muy rara toda la situación, decidió ponerse los lentes. Cuándo se los colocó, volvió a mirar hacia la señora que bebía su café sin azúcar y sin leche, y vio una escena de una niña pequeña junto a su madre, bebiendo el café de esa manera. Entendió que la mujer había aprendido a tomar el café de ese modo de su propia madre. Luego miró al hombre del sobretodo, y pudo verlo trabajando durante meses y ahorrando para comprarse ese atuendo que tanto le gustaba. Simón entendido que al hombre le había costado mucho comprar ese sobretodo y por eso disfrutaba de utilizarlo cuando le placía.

Simón se quitó los lentes, un poco aturdido. El hombre testarudo entendió que esos lentes eran muy especiales y le ayudaban a dar las cosas desde otro punto de vista.

Así fue que Simón se llevó los lentes consigo y continúo usándolos. Cada vez que veía algo lo miraba con sus propios ojos y luego se ponía los lentes que ese hombre misterioso le había entregado, y podía dar a las cosas una perspectiva distinta. Simón, caminado hacia su casa, vio a su vecina, la charlatana insoportable, y con los lentes comprendió que la mujer estaba muy sola y buscaba compañía, por eso conversaba tanto con quien se le cruzaba.

Lentes para SimónAl día siguiente, Simón, vio a uno de sus compañeros de trabajo qué era muy obsesivo con sus tareas y vio como de niño su padre era muy exigente con él.
Pasaron los días, y distintas experiencias con los lentes. Y así, Simón comenzó aceptar que existían muchísimos puntos de vista, y estos variaban de acuerdo a lo que cada uno había vivido y había experimentado a lo largo de su vida.

A la semana siguiente Simón estaba nuevamente en su cafetería favorita leyendo el diario bebiendo café, tan solo la expresión de Simón denotaba lo mucho que había cambiado en los últimos días.

Una vez más, y esta vez sin preguntarlo, se sentó el extraño hombre que le había dado los lentes en la silla vacía de la mesa donde se encontraba Simón.

—Hola, Simón. Veo que has aprendido la lección, y muy rápido. Así que vengo por los lentes, alguien más lo necesitará, de eso estoy seguro.

Sorprendido porque jamás le había dicho su nombre Simón, tomó los lentes de su bolsillo y se los entregó al hombre, el extraño hombre se despidió con un simple guiño y se retiró del café. Jamás volvió a cruzarse con aquel hombre, pero Simón, jamás olvidó aquella experiencia.
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