Las pasteleras que salvaron el planeta
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Las pasteleras que salvaron el planeta

Edades:
A partir de 4 años
Las pasteleras que salvaron el planeta Paquita y Pepita era dos hermanas pasteleras que vivían en un pequeño pueblo apartado llamado Pastelete de la Ribera.

Paquita y Pepita hacían los mejores pasteles de manzana del mundo, y también los mejores bombones y las mejores tartas. Por eso, a pesar de vivir alejadas de las grandes ciudades, hasta Pastelete de la Ribera se acercaban a diario personas venidas de muy lejos.

La fama que tenían Paquita y Pepita era tan grande que, un día, se presentó el mismísimo Presidente del Gobierno en su pastelería, pero de incógnito. Tan bien disfrazado iba el hombre que ni Paquita ni Pepita pudieron reconocerlo.


-Necesito hacerles un encargo especial -dijo el Presidente.

-Usted dirá -dijo Paquita.

-Necesito dos mil quinientos treinta y cuatro pasteles de manzana para mañana a primera hora -dijo el Presidente-.

Paquita y Pepita se miraron la una a la otra con cara de asombro e incluso un poco de guasa. Eran demasiados pasteles para hacer en un día, así que aquello tenía que ser una broma, y más viniendo de un tipo con aquella pinta.

-Pero no pueden decirle nada a nadie -siguió diciendo el Presidente-, porque de ello depende la seguridad del mundo entero.

Paquita y Pepita estallaron en una carcajada que se oyó en todo pueblo.

-Anda, majete, vuelve a tu circo, que parece que vienes de uno -dijo Pepita.

-¿No me creen? -dijo el hombre, quitándose la peluca y la barba postiza-. ¡Soy el Presidente del Gobierno! Y lo que les digo es cuestión de vida o muerte.

Paquita y Pepita se quedaron estupefactas. ¡Era el Presidente, no cabía duda!

-Cuéntenos la historia, porque lo que nos pide es que hagamos en una tarde un trabajo que nos llevaría una semana -dijo Pepita.

-Hemos interceptado un mensaje interestelar -dijo el Presidente-. Una nave espacial en la que viajan dos mil quinientos treinta y cuatro alienígenas viene hacia aquí. Sabemos por esos alienígenas se alimentan de pasteles de manzana, porque no es la primera vez que vienen por aquí. Solo si hay un pastel de manzana para cada uno se irán tranquilos. Si falta uno, el que se quede sin pastel destruirá todo lo que encuentre. Pero si sobra algún pastel todos se pelearán por él, y se preparará un lío que acabará con la humanidad entera.

Paquita y Pepita no sabían si creerse la historia, pero decidieron que lo mejor era ponerse manos a la obra, por si acaso. Si luego era todo broma, al menos tendrían pasteles para vender durante unos cuantos días.

-Tendremos que buscar ayuda -dijo Paquita.

Paquita y Pepita reclutaron a todas las personas del pueblo para que les ayudaran. Pastelete de la Ribera era un pueblo pequeño y apartado en el que solo vivían ancianos y personas jubiladas, y todas se mostraron entusiasmados ante la idea de poder ayudar a las pasteleras más famosas del mundo.

NLas pasteleras que salvaron el planetao eran muchos, pero tenían tantas ganas de ayudar que trabajaron hasta la madrugada para que las jóvenes pasteleras que habían traído vida a su pueblo cumplieran su misión.

A primera hora de la mañana estaba ya todo listo y Pepita y Paquita cargaron su camión con todas las bandejas de pasteles. Al llegar al punto indicado vieron cómo un enorme platillo volante aterrizaba. De él salieron un montón de alienígenas que se colocaron en fila.

Paquita y Pepita empezaron a repartir pasteles, uno a uno, hasta llegar al último. Los alienígenas dieron las gracias a su manera y subieron a su nave. El platillo despegó ante la atenta mirada de todos.

El Presidente se acercó a las pasteleras y les dio las gracias, no sin antes pagarles generosamente por su trabajo.

Con lo recaudado, Paquita y Pepita construyeron un centro de ocio para las personas del pueblo en agradecimiento por haberlas ayudado tanto.

Y así fue como desde un humilde pueblo se llevó a cabo la misión secreta para salvar el planeta más importante de los últimos años.
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