Las hadas cantarinas
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Las hadas cantarinas

Edades:
A partir de 4 años
Las hadas cantarinas Había una vez una pareja de hadas que cantaban como los ángeles. Sus voces alegraban a las personas tristes y animaban a las desesperadas. Cuando cantaban la gente dejaba de discutir y de pelear, y el amor se podía sentir en el aire.

Cuando la gente sanaba antes cuando estaba enferma al escuchar cantar a las hadas cantarinas. Y cuando alguien estaba de mal humor enseguida se le pasaba con el dulce canto de las hadas.

Un día, una bruja malvada y envidiosa, decidió vengarse de las hadas cantarinas, pues con sus cantos anulaban todas las maldades que ella hacía.

Pero por muchas brujería que probó, ninguna funcionó. Así que pensó en algo que nunca falla: los rumores.

La bruja malvadas hizo correr la voz de que el motivo por el que las hadas cantarinas tenían una voz tan hermosa era que llevaban unas ropas especiales. La gente empezó a interesarse por los vestidos de las hadas, que jamás se habían parado a pensar en que su ropa pudiera tener tanta importancia en su voz.

Cuando todo el mundo estaba convencido de que la ropa de las hadas era la fuente de su bonita voz, la bruja se puso manos a la obra para acabar con las hadas cantarinas. Y así, una noche de invierno, la bruja quemó toda la ropa de las hadas con un hechizo.

-¡Oh, no! ¡Se han quemado todos los vestidos de las hadas! ¡Ya no volverán a cantar jamás! -se lamentaba la gente.

Las hadas, al ver arder toda su ropa, se pusieron muy tristes. Las hadas intentaron cantar, pero no pudieron.

-¡Los rumores eran ciertos! ¡Ya no podremos ayudar a la gente con nuestras canciones! -se lamentaron.

Al ver el fuego, se acercaron unos duendes que vivían en un pueblo cercano. Al ver la tragedia, les dijeron:

-¿Por qué no compráis tela nueva para hacer otros vestidos?

-La tela llegó desde muy lejos. Tardaríamos años en ir a buscar más -se lamentaron las hadas.

Los duendes, conmovidos, decidieron ayudar a las hadas. Y volvieron a su aldea, prometiendo regresar con una solución. A los pocos días, los duendes regresaron cargados de hermosas telas.

-Hemos ido a ver a la Maga de la Montaña y nos ha dado esto para vosotras -dijeron los duentes-. Estas telas están encantadas para devolveros vuestras bonitas voces.

Las hadas, muy agradecidas, cogieron las telas. Durante dos días cosieron y cosieron sin descanso, ayudados por sus amigos y vecinos.

CLas hadas cantarinasuando tuvieron listos los vestidos, se colocaron los más bonitos y se dispusieron a cantar. Lindas voces, más claras, más agudas y más dulces que nunca, brotaron de sus pequeñas gargantas.

La felicidad volvió al lugar. La bruja malvada, muy enfadada, decidió irse de allí, no sin antes pasarse a ver a los duendes para preguntarles por la Maga de la Montaña.

-En realidad no existe ninguna Maga de la Montaña -le dijeron los duendes-. Nos lo inventamos. Las hadas cantarinas solo necesitaban recuperar la ilusión.

La bruja se fue de allí rápidamente, antes de que alguien descubriera su ardid. Estaba tan furiosa que no paró de andar hasta llegar a la montaña, donde se instaló pensando que algún día las hadas irían a por más tela para poder engañarlas. Pero las hadas jamás volvieron, y la bruja se quedó allí sola y aburrida, rabiando y rabiando, hasta el fin de sus días.
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