La superabuela
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La superabuela

Edades:
A partir de 4 años
La superabuela Tita estaba jugando en el salón, en casa de su abuelita. Estaba construyendo una ciudad con una torre. Desde la torre varios muñecos vigilaban, por si acaso llegaban los villanos.

Entonces, apareció la abuela, con sus pantuflas rosas con orejas de conejito, unos guantes que le llegaban casi hasta los codos y el delantal atado al cuello y colgando por la espalda.

—¡Superabuela! —gritó Tita.

—¡La superabuela ha llegado lista para defender la ciudad de los malvados! —dijo la abuelita, mientras daba varias vueltas alrededor de la ciudad que Tita había construido.

Entonces, llamaron al timbre.

—¡Rápido, superabuela, quítate el traje, que te van a descubrir! —dijo Tita.

La superabuela, a la velocidad del rayo, se quitó los guantes y la capa. Solo las pantuflas podían delatarla.

Volvieron a llamar.

—¡Ya va! —dijo la abuela.

En la puerta estaba el repartidor de la agencia de transportes, que lleva una gran caja para la ella llena de agujeros.

La superabuela recogió el paquete y lo dejó encima de la mesa del salón.

—¡Cuidado, Tita! ¡Podría ser peligroso! —dijo la superabuela, mientras volvía a colocarse los guantes y la capa.

Mientras lo hacía, la superabuela se acercó a la cocina. Ya con los guantes puestos, cogió un cuchillo de cocina y se acercó a la caja.

—Voy a abrir la caja con cuidado, apártate —dijo la superabuela. Y añadió: No sé qué habrá aquí dentro. El chico que ha traído la caja tenía un buen disfraz de repartidor. Pero nunca se sabe.

La superabuela abrió despacio el paquete, por si acaso saltaba algo, tal vez un villano saltarín o un artefacto rompeciudades.

Cuando la superabuela acabó con el cuchillo lo llevó a la cocina.

—No te acerques aún, Tita, que no he mirado lo que hay dentro —dijo la superabuela.

Tita estaba muy nerviosa. Dentro de la caja no se oía nada. Intentó mirar a través de los agujeros, pero no se veía nada. Lo que sí percibió la niña fue un olor extraño, no muy agradable

La abuela regresó y abrió las solapas de la caja muy despacio. Un olor raro que había notado Tita fue aún más fuerte.

—Shhh —susurró la superabuela—. Hay algo ahí dentro.

—¿Amigo o enemigo? —preguntó Tita.

—Voy a sacarlo con cuidado —dijo la superabuela.

Tita quiso asomarse, pero se quedó atrás, por si acaso. ¡Qué valiente era su abuela!

La abuela metió las manos en la caja y esta se movió un poco. Tita se asustó, pero la superabuela ni se inmutó. Tita no podía creer que su abuela tuviera tanto valor.

La superabuelaPoco a poco, la superabuela sacó lo que había dentro de la caja.

—¡Un perrito! —dijo Tita.

En ese momento el perrito se despertó. Al ver la ciudad que había construido Tita empezó a jugar, destrozándola por completo.

—¡Oh, el supervillano de tu abuelo nos ha mandado un arma destructiva! —gritó la superabuela.

—¡No se saldrá con la suya! —gritó Tita, intentando cazar al perrito.

—¡No! —dijo la abuela—. ¡Lo educaremos y lo convertiremos en nuestro mejor guardián!

Tita fue a la cocina, abrió un cajón y sacó un trapo de cocina. Luego volvió al salón, se lo colocó al perro al cuello y dijo:

—¡Te llamaremos Superchuchín!

Ahora Tita y la superabuela tienen un nuevo aliado en la lucha contra los villanos.
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