La princesa y la mona
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La princesa y la mona

Edades:
A partir de 4 años
Valores:
La princesa y la mona Había una vez una princesa que vivía en un lujoso castillo, rodeada de riqueza. La princesa tenía una mona de la que nunca se separaba.

La princesa soñaba con salir del castillo y recorrer el mundo a lomos de su yegua. Pero el rey, su padre, no le permitía salir, para que no le pasase nada.

Un día la mona le dijo a la princesa:

-Disfrázate de paje. Yo me pondré uno de tus vestidos y me quedaré mirando por la ventana.

A la princesa le pareció una idea estupenda y eso hizo. Cuando regresó, le dijo a la mona:

-Ha sido fabuloso. Me gustaría repetirlo otra vez.

A la mona le pareció bien y, al día siguiente, volvieron a disfrazarse: la mona de princesa y la princesa de paje.

Pero ese día la princesa tuvo una visita. Era su padre, el rey, que quería presentarle a un joven príncipe que deseaba conocerla. La mona se puso muy nerviosa y se puso a toser para disimular.

El rey y el joven príncipe se fueron para no molestar.

Cuando la princesa regresó, la mona le contó lo que había pasado. Juntas decidieron gastarle una broma al rey y al joven príncipe.

Al día siguiente la princesa fue a ver a su padre y a conocer al invitado. Tras una breve charla, la princesa sugirió al príncipe que se vieran en el establo al anochecer.

El príncipe acudió a la cita. Lo que no sabía él es que era la mona quien le estaba esperando mirando por la ventana, con la princesa escondida a sus pies, tras un montón de paja.

-Cierra los ojos y te daré un beso -dijo la mona.

El príncipe se acercó y cerró los ojos. La mona se acercó y le dio un beso al príncipe. Este abrió los ojos justo cuando la mona se retiraba y lanzó un chillido.

La princesa y la mona-¡Ah! ¡Qué horror! -gritó el príncipe.

Mientras la mona reía a carcajadas, la princesa salió de su escondite y, sin parar de reír, le dijo:

-¿De verdad pensaste que iba a ser tan fácil?

El príncipe, al ver la escena, con la mona vestida de princesa y la princesa llena de paja por todas partes, también le entró la risa. Y allí se quedaron los tres, riendo a pierna suelta.

El buen humor del muchacho gustó tanto a la princesa como a su fiel amiga la mona y ahora son los tres muy buenos amigos.
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