La mudanza
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La mudanza

Edades:
A partir de 4 años
La mudanza Faltaban unas pocas semanas para que Leo llegara a su nueva casa. Por motivos de trabajo sus padres tenían que mudarse a otra ciudad, junto con él y su hermana Mica.

Al enterarse de la noticia Leo se había puesto de muy mal humor. Leo se había vuelto apático y no le interesaba para nada la idea. En su actual vecindario Leo tenía sus amigos, su escuela, sus tiendas favoritas y su parque predilecto.

No se resistía a la situación porque sabía muy bien que siendo un niño, debía adaptarse a las circunstancias y decisiones de sus padres. Pero había algo que a Leo le irritaba mucho más que la mudanza en sí, Mica.

Su hermana tenía unos pocos años menos que él, y al contrario que Leo se encontraba feliz con la idea de mudarse. Desde el día que se enteró la novedad, Mica comenzó a hacer planes. Con sus crayones la pequeña dibujaba su nuevo cuarto. Jugaba con sus muñecas a la mudanza o preparaba su valijita para el momento.

Cada vez que Leo veía a su hermana haciendo alguna de esas cosas protestaba entre dientes y se encerraba en su cuarto tras dar un portazo. Sus padres aunque se preocupaban por su actitud habían decidido respetar sus tiempos y su manera de procesar la situación.

Un día Leo estaba sentado en el jardín de su casa con su perro Arti, el niño estaba cepillando el pelaje de su amigo. De pronto se aproximó Mica con mucho entusiasmo y le dijo.

-Mira Leo, nos dibuje aquí en la nueva casa… También lo hice a Arti.

El niño miró el dibujo de su hermana con desprecio.

-¿Qué no te gusta Leo?

-¿Acaso eres tonta Mica? Nos vamos a ir de esta casa, olvídate de tus amiguitas, de tu escuela infantil que tanto te gusta… De todo, olvídate de todo.

-No me olvidaré, no. Yo estoy contenta Leo. Ahora voy a tener un nuevo cuarto, una nueva escuela y conoceré más niños. ¡Voy a tener el doble de amigos!- respondió Mica mientras sonreía-. Aquí vendré siempre de visita y me lo pasaré genial contándole todo lo nuevo a mis amigos.

MLa mudanzaica se alejó corriendo con su dibujo mientras Leo continuó cepillando a Arti. Las palabras de su hermanita no le parecieron tan tontas. Leo no había pensado en eso.

Ese día fue un antes y un después para Leo. A pesar de ser menor que él, su hermana le dio una gran lección. En el cambio que se avecinaba Leo solo veía perdidas, pero también había mucho que ganar.

El tiempo pasó y Leo siempre recordó las palabras de su hermanita. En su nuevo vecindario el niño conoció nuevos amigos, lo mismo en la escuela. Descubrió otros tantos lugares fantásticos como los que había en su vieja ciudad. Nunca perdió contacto con sus viejos amigos, al contrario, hablaban a diario para contarse las novedades, e incluso periódicamente se visitaban.
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