La leyenda de Drágagon
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La leyenda de Drágagon

Edades:
A partir de 6 años
Valores:
La leyenda de Drágagon Todos los habitantes del Reino de la Nieve Azul conocían la leyenda de Drágagon, el dragón asesino. Según la leyenda, un día, el terrible Drágagon llegaría al reino y sentaría en el trono del rey.

Por eso, durante generaciones, los reyes y las reinas mandaron matar a todo dragón que se encontrase, no fuera a ser el terrible Drágagon. Y de este modo, tras varios siglos de caza, los dragones se extinguieron del Reino de la Nieve Azul.

O eso pensaron todos.

Con el paso del tiempo los monarcas dejaron de pensar tanto en la leyenda de Drágagon, y se la contaban como un cuento para dormir a sus hijos, los cuales crecían sin el miedo de sus ancestros a perder el trono por un dragón.

Un día, el pequeño príncipe salió de paseo con sus padres. Pero se extravió y acabó frente al hueco de un gran árbol. De allí salió una mujer de expresión dulce y cabellos plateados.

-Toma, pequeño, un regalo para ti -dijo la mujer-. Esto te convertirá en el mejor rey de todos los tiempos. Pero guárdalo bien y escóndelo. No le digas a nadie que lo tienes, o te robarán y será tu perdición. Guárdalo en un lugar calentito, alejado de miradas curiosas.

-Es una piedra -dijo el niño.

-Eso es lo que parece, pero no lo es -dijo la mujer. Y se fue.

El príncipe cogió el regalo, lo metió en su zurrón y volvió con los demás. Cuando llegó a su cuarto escondió aquella especie de pedrusco en un baúl, bajo un montón de mantas y ropajes que apenas usaba.

Pasado un tiempo, cuando el príncipe ya se había hecho mayor y se había olvidado de aquello, algo empezó a hacer ruido en su habitación.

-¡Viene del baúl! -exclamó el niño.

El príncipe abrió el baúl y se encontró un pequeño dragón que acababa de salir del huevo, aquello que de niño consideró una piedra.

-Pareces inofensivo, amiguito -dijo el príncipe-. Vamos, te enseñaré el castillo y buscaremos algo de comer.

El príncipe se fue con el dragón en brazos. Pero cuando llegaron a la sala del trono el pequeño dragón dio un respingo y saltó. Y como pudo se fue hasta el trono.

Se quedó mirándolo hasta que llegó el príncipe.

-¿Te gusta? -dijo el príncipe-. Algún día será mío. ¿Quieres ver qué bien me sienta?

El dragón empezó a dar saltitos.

-Me tomaré eso como un sí -dijo el príncipe. Y se sentó.

El dragón dio un gran salto y se sentó sobre las piernas del príncipe. Justo en ese momento entraron el rey y la reina.

-¡Oh, no! -exclamó el rey-. ¿Qué haces con ese dragón? ¡Drágagon! ¡No, no! ¡Hay que matarlo!

La leyenda de Drágagon-¡Ni hablar! -dijo el príncipe.

En ese mismo instante una gran luz iluminó la sala del trono. El dragón creció y se dirigió a todos los presentes, diciendo:

-Soy Drágagon. La generosidad del príncipe me ha permitido sobrevivir. Desde ahora seré su más fiel servidor.

-Pero la leyenda… -dijo el rey.

-La leyenda habla de un dragón que se sentaría en el torno del rey, pero de que lo derrocaría ni de que arrasaría todo el reino -dijo Drágagon-. Aquí estoy, me he sentado en el trono del rey y no he destruido nada. Al contrario, ayudaré a este joven, al que le espera un reinado muy difícil.

Drágagon permaneció junto a su joven amigo y le ayudó a superar todas las dificultades a las que se enfrentó, que fueron muchas. Y estuvieron juntos hasta el final de sus días.
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