La gran aventura del pequeño Tontosaurio
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La gran aventura del pequeño Tontosaurio

Edades:
A partir de 6 años
La gran aventura del pequeño Tontosaurio Había una vez un dinosaurio que era el hazmerreír de todo el bosque. Todos los animales se metía con él, hasta los otros dinosaurios. El pobre Tontosaurio sufría mucho cuando se metían con él, y se pasaba el día llorando, chillando, lanzando piedras a los que se metían con él y haciendo todo tipo de cosas para protestar. Pero no servía de nada. Cuando más protestaba Tontosaurio más se reían de él y más le molestaban.

Un día, harto de todo, Tontosaurio decidió huir del bosque y buscar otro lugar donde vivir. Buscó y buscó, viajó y viajó. Encontró muchos lugares, pero en todos se metían con él y, al poco tiempo, se marchaba.

-Nadie me quiere -lloraba el pequeño Tontosaurio sobre una roca del camino-. Todo el mundo me odia y se ríe de mí. ¡Qué mala suerte tengo!

Un ratón que estaba por allí le oyó y se acercó hasta donde estaba Tontosaurio.

-Chist, chist -llamó el ratón-. ¡Eh, tú, chaval! ¿De qué vas? Tanto llorar, tanto llorar… A ver, cuéntame lo que te pasa.

Tontosaurio le contó sus penas y lo mal que se sentía. Le dijo que todos se metían con él y que de nada servía gritar, llorar o intentar pegar a los que se metían con él.

-A ve si lo entiendo -dijo el ratoncito-. Ellos se meten contigo, tú chillas, gritas y tiras cosas y ellos se ríen y siguen insultándote. ¿Es así?

-¡Sí! -lloró Tontosaurio.

-Ay que ver, pues sí que eres tonto de verdad -dijo el ratón-. Si chillar, gritar y tirar cosas solo sirve para que se ría más de ti, ¿por qué lo haces? ¿No ves que eso es precisamente lo que quieren?

-Entonces, ¿qué hago? -pregunto Tontosaurio.

-La gran aventura del pequeño TontosaurioPuedes reírte, cambiar de tema, mostrarte alegre, pasar de lo que te digan… pero, sobretodo, tienes que ser amable y no mostrar que lo que te dicen te afecta -dijo el ratón-. Créeme, sé de lo que hablo. Si no les das lo que buscan, que es hacerte sufrir, terminarán por dejarte en paz.

Tontosaurio agradeció al ratoncito su ayuda y volvió a casa, dispuesto a poner en práctica lo aprendido. Y funcionó.

Y así fue como el pequeño Tontosaurio salió en busca de un nuevo hogar y volvió tras haber encontrado algo mucho mejor: confianza y fe en sí mismo.
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