La bruja Verdruja
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La bruja Verdruja

Edades:
A partir de 4 años
La bruja Verdruja En Villaverdurilla las niñas y los niños no querían comer verduras. Los adultos lo habían intentado todo menos una cosa: llamar a la bruja Verdruja.

—¡No, no! ¡No llaméis a la bruja Verdruja! —gritaban una y otra vez los más pequeños.

—No hay nada que hacer, la bruja Verdruja viene de camino —dijo la alcaldesa

La bruja Verdruja no tardó mucho en llegar y en plantarse en la Plaza Mayor. Nada más llegar, puso una gran cesta en el suelo y dijo:

—Quiero a todo el mundo aquí en menos de lo que me como una zanahoria.

Y sacó una zanahoria y empezó a comérsela.

Poco a poco, todos los habitantes de la ciudad se reunieron en la plaza.

Nadie dijo nada.

Nadie perdió ojo de lo que hacía la bruja Verdruja.

Nadie se movió de su sitio.

La bruja Verdruja se acabó la zanahoria y observó a su silencioso público. Después de un rato, dijo:

—Todo aquel que comiera verdura ayer puede abandonar el lugar. Los demás, aquí os quedaréis y ya veremos lo que hoy coméis.

—Qué raro habla, ¿no? —dijo una niña.

—¡A callar! —dijo la bruja. Y nadie abrió la boca.

Durante un buen rato, la bruja Verdruja dio vueltas por la plaza sin decir nada.

Después de un rato, abrió la cesta y sacó algo que nadie había visto por allí. Era una especie de bola grande de color rosa con algo parecido a hojas.

—¿Qué es esto? —preguntó la bruja.

Como nadie lo sabía, nadie dijo nada.

—No lo sabéis, ¿eh? —dijo la bruja—. Esto es una golosina que yo misma he creado. La he llamado lechurrosa.

—¿Puedo probarla? —preguntó un niño.

—Solo si tienes mucha hambre, pero tienes que hacerlo con los ojos cerrados —dijo la bruja.

El niño se levantó y se acercó, cerró los ojos, arrancó una hoja y se la comió.

—¡Está buena! —dijo.

Cuando abrió los ojos vio que la lechurrosa había cambiado de color. Era verde.

—Esto es una lechuga normal y corriente —dijo el niño.

—Y está buena, a qué sí —dijo la bruja.

—Pues sí, la verdad —dijo el niño.

—Vamos a ver qué más tengo por aquí —dijo la bruja Verdruja—. Mirad, más chuches. Son flores de colores. Hay muchos tipos: tengo colirillas de color amarillo, brocolillas de color azul y, a ver… alcochillas de color violeta.

LLa bruja Verdrujaas niñas y los niños, que tenían un hambre atroz, se acercaron a verlas flores. Y las fueron probando. Según se las iban comiendo, las flores cambiaron de color.

—¡Esto es coliflor!

—¡Y esto es brócoli!

—¡Y esto son alcachofas!

Después de un rato, no quedó nada.

—También tengo más chuches mágicas que cambian de color —dijo la bruja Verdruja.

—Pues sácalas, que tenemos mucha hambre —dijo una niña.

Entre todos se comieron todo lo que la bruja Verdruja llevaba en la cesta. Y eso que llevaba un montón de cosas.

La bruja Verdruja les dejó la cesta junto con un libro de pócimas secretas para preparar su contenido. A partir de ese día, en Villaverdurilla nadie volvió a decir que no a las verduras. Siempre había alguna pócima en el libro para conseguir que las verduras le gustasen a cualquiera.
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