La bruja con botas
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La bruja con botas

Edades:
A partir de 4 años
La bruja con botas Había una vez un pequeño reino lleno de brujas en el que no quería vivir nadie. Y no era el miedo la razón de no querer vivir allí. Lo que la gente no aguantaba era el terrible olor a pies que había por todas partes, porque las brujas iban siempre descalzas.

Un día, la joven princesa de un reino vecino fue secuestrada por un temible dragón. El dragón quería casarse con la princesa. Como ella no aceptó, el dragón decidió llevársela por la fuerza hasta que lo aceptara en matrimonio.

Todos los caballeros, héroes, magos, hechiceros del mundo habían intentado rescatar a la princesa. Pero todos los esfuerzos habían sido en vano. Solo quedaba una opción: pedir a las brujas descalzas que lo intentaran.

El rey en persona decidió ir a ver a las brujas descalzas para pedirles ayuda. Como el olor era insoportable ya en la frontera, el rey mandó varias palomas mensajeras para pedir que alguna fuera a hablar con él. Pero ninguna paloma consiguió llegar a su destino, pues no soportaban el terrible olor a pies de aquel lugar.

Armándose de valor, el rey cogió aire, se puso una pinza en la nariz, y entró corriendo a llevar él mismo el mensaje. Y más veloz que un rayo volvió a salir, aunque se desmayó nada más cruzar la frontera.

Al despertar, el rey vio que ante él estaba una de las brujas. Dio un respingo, todo asustado. Cuál fue su sorpresa al comprobar que llevaba botas.

-¿Cómo es posible? -preguntó el rey-. Pensé que ninguna de vosotras podría usar calzado, que os derretía los pies o algo así.

-No, para nada -dijo la bruja-. No llevamos calzado porque al cabo de unos días se derrite. ¡Y no veas cómo huele aquello!

-Si a vosotras os desagrada, ¡no quiero ni pensarlo! -dijo el rey.

-El caso es que solo tengo tres días para ayudarte. Después ya no tendré botas. Y, créeme, no querrás que eso ocurra cerca de la princesa. El olor se pega a la ropa y tarda semanas en salir.

-Entonces corre, por favor -dijo el rey-. Salva a mi hija y te daré a cambio lo que quieras. Tras la muerte de mi esposa ella es lo único que me queda.

La bruja con botas fue corriendo a la guarida del dragón. Intentó varios hechizos, trucos, brujerías, engaños… pero nada.

-Se me acaba el tiempo y con este dragón no funciona nada -pensó la bruja. Y entonces tuvo una idea.

-¡Ya lo tengo! Dejaré que se me acabe el tiempo. A ver si este bicho es capaz de sobreponerse a mis botas derretidas.

Las botas no tardaron mucho en fundirse ni el olor en llegar a las delicadas fosas nasales del dragón, que cayó anestesiado.

La princesa, a la que ya no le quedaba remilgo alguno tras varios meses viviendo con el dragón, salió corriendo de allí.

-¡Vámonos de aquí, amiga bruja! -dijo la princesa.

-Te vas a marear, chiquilla. Nadie aguanta esto -dijo la bruja.

La bruja con botas-¿Me tomas el pelo? -dijo la princesa-. Con tal de salir de aquí aguanto lo que sea.

La princesa y la bruja se fueron corriendo de allí. A pesar de que la princesa llevaba impregnado el terrible olor a pies en todo el cuerpo, todos en el palacio la recibieron con los brazos abiertos.

Días después, el rey fue a la frontera a ver si la bruja con botas pasaba por allí y así poder pagar su deuda. Y así fue: la bruja, con unas botas nuevas puestas, estaba allí.

-Vengo a pagar mi deuda -dijo el rey-. ¿Qué quieres por salvar a mi hija?

-Quiero casarme contigo -dijo la bruja.

-¿Cómo? -dijo el rey.

-¡Que no, que es broma! -dijo la bruja-. No quiero nada. Estoy encantada de haber podido ayudar. Ha sido divertido.

-Gracias -dijo el rey-. Por salvar a mi hija.

-Y por no pedirte que te cases conmigo también, ¿verdad? -dijo la bruja.

-Sí, la verdad. Por eso también.
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